Mi primera colaboración con Delicatessen.uy fue hace poco más de 7 años. Era un sábado, 25 de mayo de 2019, un poco más tarde de la 1 y media de la tarde hora de Girona. Tenía un email. Estaba escrito desde Montevideo. Era Jaime Clara, quien me hablaba de un portal de placeres mundanos en el cual escriben sobre gastronomía, viajes y cultura, y con un amplio abanico de colaboradores nacionales e internacionales. Me comentó que había encontrado un artículo que yo había escrito en la revista Dixit, en el que hablaba de los ‘Los paisajes de la cultura: la gastronomía y el patrimonio culinario’.
Es un sitio por amor al arte, me explicó, para escribir de los temas que nos gustan. Y añadió, puedes googlearnos para saber quiénes somos. Tal y como escribe A. A. Milne, autor de Winnie the Pooh, ‘tan pronto como te vi, supe que una aventura iba a suceder’. Así es como empezó mi andadura en estas páginas, o, para los que nos leen, en estas pantallas. El 1 de julio de 2019 publicaron mi primera nota, titulada ‘Salivam movere: descubriendo los paisajes gastronómicos’, y, mes a mes, desde entonces, y contando el presente texto, son 83 las veces que he tenido el honor de poder escribir en este espacio.
A veces, un espacio es una mesa o un restaurante. A veces, es un lugar al que volver. Otras veces es algo menos tangible, porque un espacio no siempre tiene paredes: una idea que permanece o se desvanece en el tiempo, un territorio que existe solo porque alguien decide habitarlo con su mirada, su tiempo, su curiosidad. Este sitio es ambas cosas a la vez: nace de sitios reales – ciudades, librerías, mercados, viñedos – pero se convierte en algo intangible en el momento en que esos lugares se transforman en palabras, en preguntas, en relatos compartidos.
Y como todo espacio, lo importante es quien lo sostiene con la voluntad de contar algo y con la libertad de escribir sin más límites que la propia imaginación, pero, sobre todo, con la pasión de las personas que hay a uno y otro lado de las pantallas que nos conectan.
La palabra terroir es un término francés que destaca el valor de la unión entre las propiedades del suelo, las características del clima, y el trabajo de las personas, el valor de la relación y el diálogo entre la cultura y la naturaleza, entre el medio físico y humano. Estos aspectos determinan el carácter único de un vino. Así como el vino nace de esta combinación única, este blog también lo hace de la mezcla de voces, constantes y ocasionales, que conforman nuestro terreno, nuestro clima, nuestro carácter. En definitiva, nuestro terroir. A través de un plato, de un producto, de una entrevista, de una reflexión, de un libro, de un viaje, donde el todo es más que la suma de sus partes.
El conjunto de estas miradas se convierte en una forma compartida de entender el mundo. Es en el encuentro con quien lee, con quien vuelve día tras día o descubre este espacio por primera vez. Vivimos tiempos complejos y convulsos, con un ruido constante que viene de todas direcciones, y de opiniones que se convierten en hechos y donde no es fácil diferenciar lo real de lo artificial. Este blog es un lugar donde la diversidad de miradas es su razón misma, sabiendo que todas ellas lo alimentan, y lo hacen con una elaboración artesanal donde quien escribe ocuparía el lugar del productor que transforma una materia prima (los hechos, las fuentes, los datos) en un producto elaborado.
Es un placer formar parte de esta aventura periodística, intelectual y humana, pero, sobre todo, compartida. Muchas gracias a quienes escriben y a quienes leen, que, con su tiempo, hacen que este espacio siga siendo lo que es. Muchas gracias, Jaime, por hacerlo posible y poder decir ‘salivam movere’ por muchos años más, que este espacio nos siga haciendo la boca agua, es decir, como define la RAE esta locución verbal coloquial, nos siga haciendo pensar con deleite en el sabor de estos textos.
