
«Las civilizaciones se recuerdan por sus monumentos, pero se comprenden por lo que desechan», afirma la artista Helena Minginowicz, cuyas pinturas cuestionan la comprensión de lo valioso en arte. Utilizando acrílico aerografiado, que permite crear capas ligeras y translúcidas, la artista parte de uno de los objetos domésticos más cotidianos: una servilleta de papel.

Con sus patrones texturizados, este papel absorbente constituye un soporte fácilmente reconocible. Sin embargo, aunque su arte sea estéticamente agradable, genera una cierta sensación paradógica, ya que el soporte que utiliza se suele asociar a un tipo de producto fabricado en masa y diseñado para usar y tirar. Pero esta dicotomía, de hecho, constituye la esencia del arte de Minginowicz. Lo que pretende con su obra es reflexionar sobre «cómo el cambio en la jerarquía de los materiales puede transformar nuestra percepción del valor, la dignidad y la experiencia humana», según explicó a Colossal.

Sus obras realizadas con servilletas de papel (además de las que ha hecho con bolsas de plástico de supermercado) se presentan entre gruesas capas de acrílico, transformándolas en objetos de considerable peso y dimensionalidad. «Cada civilización construye su propia jerarquía de valores», afirma la artista, «decide qué merece ser preservado, admirado y transmitido a las generaciones futuras. Monumentos, obras de arte, símbolos y mitos conservan una imagen de la humanidad tal como deseamos recordarla: fuerte, bella, perdurable y heroica. Sin embargo, todo monumento tiene su reverso».

La imaginería de Minginowicz se inspira en el estilo de la pintura renacentista, centrándose especialmente en la expresividad, la intimidad y la figura femenina idealizada. Podríamos pensar en «El nacimiento de Venus» de Sandro Botticelli o en los retratos aristocráticos de la época. En palabras de la artista: «Durante siglos, la pintura ha monumentalizado aquello que las civilizaciones deseaban recordar: santos, héroes, dioses, victorias, mitos e ideales. Utilizo ese mismo lenguaje para plantear una pregunta diferente: ¿Quién merece ser recordado con dignidad? No solo los héroes. No solo los vencedores. Sino todo ser humano».

