Hace unas semanas viajé a Madrid para visitar a mi hijo. Le hacía ilusión enseñarme algunos de los sitios que había ido descubriendo desde que se instaló allí. Durante aquellos días recorrimos juntos algunos rincones de la ciudad, compartimos paseos, conversaciones y alguna que otra mesa. Only Gozo fue uno de los primeros lugares al que quiso llevarme.
Lo primero que me llamó la atención fue la fachada. El azul dominaba todo el conjunto y la guinda roja del logotipo destacaba sobre la pared. Era moderna, sencilla y diferente a lo que esperaba encontrar.
Cuando entramos, la mayoría de las mesas estaban ocupadas. Había bastante movimiento, pero se podía hablar tranquilamente. El azul de la fachada seguía presente también en el interior, dando continuidad a la primera impresión. La decoración era original, pero sin excesos. Había buen gusto en los detalles, aunque nada parecía colocado para llamar la atención. Todo resultaba práctico, cómodo y agradable. Había personalidad, pero sin estridencias. Nada parecía estar allí para impresionar a nadie.
Mientras nos acomodábamos, empecé a reconocer algunas canciones que sonaban de fondo. Nina Simone, Etta James… música que siempre me ha gustado y con la que me siento cómoda.
La carta sí consiguió sorprenderme. En la misma página convivían referencias que jamás habría imaginado encontrar juntas: ceviche, gyozas, kimchi, oreja. Una combinación que, vista sobre el papel, podía parecer, incluso, arriesgada.

Mi hijo, sin embargo, no dudó ni un instante. Y supongo que esa seguridad fue, en parte, lo que me hizo seguirle el ritmo.
Empezamos con el ceviche de chicharrón. Lo primero que llama la atención es la frescura de la leche de tigre. Después, el dulzor de la piña aporta un contraste inesperado y el picante aparece poco a poco, sin imponerse. Los chicharrones añaden textura y consiguen que todo tenga sentido en el plato. Durante unos segundos la conversación pasó a un segundo plano.
Las gyozas con chilli oil continuaron el recorrido. A veces también se agradece encontrar un plato que simplemente está bueno y no necesita demostrar nada. Masa fina, buen relleno y un punto de picante bien equilibrado.
A esas alturas ya tenía claro que mi hijo no se había equivocado con la recomendación.
Pero el plato que realmente se quedó con el protagonismo de la mesa fue el Minutejo Vallekano. La propuesta —oreja dentro de un cruasán, con mayonesa de kimchi y una salsa de piparras, menta y albahaca—no fue el plato que habría elegido por mí misma.
Y, sin embargo, funciona. La oreja aporta carácter y una textura reconocible. El kimchi cambia completamente el sabor del conjunto. Las hierbas aportan frescura. Y el cruasán, que sobre el papel podría parecer una ocurrencia, termina actuando como el elemento que une todas las piezas.
No es un plato que busque gustar a todo el mundo desde el primer bocado. Precisamente por eso genera conversación.
Al final de la comida no hubo acuerdo posible sobre cuál había sido nuestro favorito. Cada uno se quedó con uno distinto. Lo que sí compartimos fue la sensación de que aquella mezcla tenía sentido. Al leer la carta algunas combinaciones me parecieron sorprendentes, pero al probarlas resultaban mucho más naturales de lo que imaginaba.

De regreso, mientras volvía a casa, pensé inevitablemente en Vallecas. En su complejidad, en sus cambios y en las distintas realidades que conviven dentro de un mismo barrio. Y, sin embargo, en aquel restaurante, alrededor de aquella mesa, esa mezcla sí parecía funcionar. No sé si esa es la intención de quienes están detrás de Only Gozo. Pero sí fue la lectura que me llevé.
Y, en el fondo, quizá sea eso lo que hace que una comida permanezca en la memoria: no solo lo que se come, sino lo que una sigue pensando días después, cuando ya ha vuelto a casa.
EL LUGAR Restaurante Only Gozo. C. Real de Arganda, 25, Villa de Vallecas, 28031 Madrid Teléfono +34 633 46 67 33

