La biblioteca del censor de libros es la novela más conocida internacionalmente de la escritora nacida en Kuwait Bothayna Al-Essa .
La biblioteca del censor de libros, de Bothayna Al-Essa, más allá de su dimensión simbólica, dialoga con la experiencia personal de su autora. Al-Essa es fundadora de Takween, una librería y editorial independiente que ha sido una crítica constante de los mecanismos de censura en su país. Esa vivencia atraviesa toda la novela. Sin caer en el panfleto, plantea una pregunta central: qué ocurre cuando una sociedad decide desconfiar de la imaginación. La respuesta, sugiere Al-Essa, es un mundo más ordenado, pero también más pobre, donde leer deja de ser un placer para convertirse en un acto de resistencia.
Publicada originalmente en árabe y traducida al español, la novela propone una distopía situada en un país sin nombre, gobernado por un régimen surgido tras una fallida revolución. En ese mundo, la lectura está estrictamente controlada y los libros son sometidos a un proceso de censura que elimina metáforas, ambigüedades y cualquier rastro de pensamiento crítico. Porque para las autoridades, el pensamiento crítico, es peligroso, desestabiliza.
El protagonista es un censor encargado de evaluar qué textos pueden circular y cuáles deben ser destruidos. Su trabajo consiste en garantizar que el lenguaje sea literal, transparente y carente de interpretaciones múltiples. Sin embargo, su vida comienza a cambiar cuando entra en contacto con una novela prohibida, y prohibida varias veces, —Zorba el griego, de Nikos Kazantzakis— que despierta en él emociones y preguntas que el sistema intenta suprimir.
La crítica ha vinculado la obra con clásicos del género distópico como 1984, de George Orwell, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, por su reflexión sobre el control del lenguaje y la persecución de los libros. También se han señalado resonancias kafkianas en la descripción de una burocracia opresiva y absurda, así como referencias simbólicas a Alicia en el País de las Maravillas, visibles en la presencia recurrente de conejos blancos y en la idea de “caer” en el mundo de la imaginación.
Medios como Publishers Weekly destacaron la novela por su inteligencia alegórica y su tono inquietante, mientras que Kirkus Reviews la definió como una defensa urgente de los libros y de quienes los leen. Time la incluyó entre los mejores libros del año, y la obra fue finalista del National Book Award 2024 en la categoría de literatura traducida.

Y es una novela donde aparecen conejos. Muchos conejos. Blancos, insistentes, casi infantiles. La referencia a Alicia en el País de las Maravillas no es una simple guiñada cómplice, sino que se trata de una clave de lectura. Alicia cae por la madriguera porque sigue al conejo. El censor, en cambio, ha aprendido a no seguir nada, a no desviarse, a no caer, pero la presencia de los animalitos le resulta inquietante.
Leer, en esta novela, es exactamente eso, caer en el lenguaje, en el placer del texto, en la posibilidad de que una frase no signifique una sola cosa y por sobre todo, imaginar posibles interpretaciones. Cuando el censor se enfrenta a Zorba el griego, descubre, claro, la historia, el cuentito, sino que también, descubre un cuerpo sensible, una vida que se permite el exceso, la risa, la contradicción, todos actos muy humanos. Descubre, en definitiva, que el mundo puede ser más ancho y menos ajeno, que el formulario que el funcionario llena todos los días.
Pero también aparece, tras unos laberínticos pasillos, una biblioteca clandestina, que no es solo un escondite físico, sino la idea de memoria compartida, lo que no puede perderse, son libros, que sobreviven porque alguien los recuerda, los cuida, los pasa de mano en mano como si fueran objetos sagrados, en actos de verdadera salvación.
Al-Essa parece decirnos que una biblioteca no es un edificio inmóvil, sino una red de lectores. Y que destruir libros no garantiza nada si todavía quedan personas capaces de leerlos y, de ser posible, pese al clima de opresión, de compartirlos. En la tercera parte, un hecho en particular precipita toda la acción.
Sería cómodo leer La biblioteca del censor de libros como una distopía lejana, situada en un país sin nombre. Pero la incomodidad real del libro es otra: nos habla del presente. De los algoritmos que simplifican el lenguaje. De los discursos que desconfían del pensamiento complejo, que anulan el pensamiento crítico, prohíben la imaginación o lo que la diversidad tapa con la corrección política. Conclusión: estar atentos.

LA AUTORA La escritora kuwaití Bothayna Al-Essa (1982) es una de las voces más relevantes de la literatura árabe contemporánea, no solo por su obra narrativa, sino también por su activa defensa de la lectura en contextos donde la censura sigue siendo una realidad. Al-Essa es fundadora de Takween, una librería y editorial independiente en Kuwait, y ha sido una crítica constante de los mecanismos de censura en su país.
LA BIBLIOTECA DEL CENSOR DE LIBROS – Bothayna Al-Essa. Fiordo Editorial, 2025, 248 págs.
Ilustración de esta nota, autorizada generosamente por el artista argentino Luis Scafati.
