Camerata. Cambiar la música. Cambiar el mundo, es un libro del periodista Roberto López Belloso. A través de una minuciosa investigación, logró algo que es lo más dificil en este tipo de trabajos: entender y lograr transmitir la esencia del objeto de estudio, del tema. En este caso, se trata de un colectivo musical emblemático, en el Uruguay de mitad del siglo XX. Porque Camerata —ese grupo que desbordó las clasificaciones fáciles— no fue únicamente un hito estético: fue una forma de pensar el sonido, de mover la estantería entre la tradición y la modernidad para encontrar un espacio propio, irreverente y, luego de ver el camino recorrido, necesario. López Belloso retrata a Camerata como un conjunto de artistas que no temía la vanguardia, pero tampoco renegaba de la raíz; que podía dialogar con ritmos populares y estructuras académicas sin perder ni claridad ni identidad. Su proyecto fue, como señala el libro, una apuesta a transformar no sólo la música, sino la sensibilidad de una época vertiginosa.
Lo que distingue a la narración es su mirada hacia el grupo, pero también hacia una época. López Belloso no busca santificar ni minizar, sino que solo observa y cuenta, haciendo foco en los ensayos como territorios íntimos, en la complicidad de los músicos como una forma de lenguaje, en la disciplina que sostiene la libertad creativa. Cada capítulo se construye con la paciencia de quien entiende que la música no se explica: se escucha y se acompaña, pero que también, las utopías de «los Camerata», como se les nombra en el ambiente, trascendía los escenarios y las partituras. Los músicos, comprometidos fuertemente en una época de fuertes compromisos, no fueron ajenos a aportar, desde su lugar, en lo que se pudiera, en una década especialmente tumultuosa.
Según reconstruye López Belloso, el vínculo de Camerata con la izquierda de la época de la guerra fría, con una Unión Soviética que pisaba fuerte,no fue un gesto de alineamiento automático, sino una consecuencia casi natural de una época en la que la música también buscaba un lugar en el mapa ideológico. Era una época en la que se entendía el arte como forma de compromiso, a veces con tensiones, contradicciones y también otras con matices, aunque todo parecía ser muy maniqueo, muy blanco y negro.
Camerata dialogó con esos mundos sin renunciar a su singularidad: absorbió influencias, participó de intercambios culturales y se dejó interpelar por un tiempo en el que la música parecía llamada a decir algo más que belleza. En ese cruce entre estética y política, el grupo encontró una manera propia de estar en los años sesenta con la convicción de que cada decisión formaba parte de una conversación amplia sobre el sentido de crear en un mundo que aspiraba, todavía, a cambiarlo todo.
En este recorrido, Camerata aparece como una pieza clave de la identidad musical uruguaya. No porque representara un canon, sino porque lo desafiaba. Su atrevimiento consistió en revelar un paisaje nuevo, pero con tradición en Uruguay; en ensayar combinaciones que, sin romper con el oído local, lo empujaban hacia terrenos menos previsibles. La vanguardia, para ellos, no era una pose: era ética y estética.
López Belloso logra transmitir esa vibración. El libro funciona como una invitación hacia un repertorio que sigue siendo moderno, vital y sorprendente, aunque el grupo ya se disolvió hace tantos años. Quienes conocen la obra de Camerata encontrarán aquí un espejo sensible; quienes no, descubrirán un mundo narrado con la generosidad de quien sabe que la música también se cuenta.
Camerata no fue solamente un grupo innovador, de alta exquisita, que estaba convencido de poder cambiar todo, incluso el mundo. López Belloso captura esa convicción y la comparte en un libro que se extiende, como si fuese el último acorde.
AYUDAMEMORIA

En su período clásico (1969 a 1984) tuvo dos etapas. La primera estuvo liderada por Manolo Guardia. Con él se grabaron cuatro discos de 1969 a 1975. Los discos combinan composiciones de Manolo Guardia con estándares de distintos géneros.[
Chau Che (1969), el primer disco, es un álbum de tango y nuevo tango. En Camerata Café Concert abren el repertorio a otros géneros. En Tangueses graban dos tangos con letra de Milton Schinca. En Café Concert Vol. 2, el conjunto cambia el nombre a Camerata Punta del Este y participa Rubén Rada en dos composiciones suyas: “Chinga Chilinga” y “Pasatiempo”.
A mediados de los setenta Manolo Guardia se exilia en Venezuela y comienza una segunda etapa de Camerata sin él. Como Camerata Punta del Este, el resto del conjunto, también exiliado, graba tres discos en México, de 1979 a 1982. En estos tres discos continúan integrando estándares de distintos géneros y, en vez de composiciones de Manolo Guardia, graban composiciones de Luis Pasquet, el músico uruguayo que también había incursionado en el tango de cámara en su disco Tangos en rojo y en gris.
Durante este período el conjunto tuvo un amplio reconocimiento, como registra la contratapa del disco Gris Tango, que recoge artículos de prensa escritos en México, Brasil, Argentina y Uruguay. En 1984, con la restauración de la democracia, los integrantes de Camerata regresaron a Uruguay, pero el conjunto pronto se disolvió, finalizando su período clásico. La Camerata se reagrupará en distintas ocasiones para proyectos puntuales.
