El 12 de junio de 1967, durante su juicio en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Richard le dijo a su abogado: «Demuéstrales que amo a mi esposa». Mildred y Richard Loving habían cometido un extraño delito: amarse. Aquel juicio les daría la razón…
Este hombre blanco y esta mujer negra con sangre nativa americana se enamoraron en Virginia, un estado donde su amor estaba prohibido por ley, así que, cuando decidieron casarse, tuvieron que hacerlo en Washington D. C. porque en su tierra aquel matrimonio era un crimen.
El 11 de julio de 1958, la policía entró en su casa de madrugada mientras dormían, los despertaron con linternas y las esposas, los acusaron de violar la ley por haberse casado y los encerraron como si su relación fuera una amenaza para el orden público.
El juez les ofreció una elección perversa: o pasar un año en prisión o abandonar el estado durante 25 años. Eligieron el exilio, pero no se rindieron, nunca dejaron de soñar con volver a casa y vivir con dignidad en el mismo lugar donde se habían conocido.
Con la ayuda de la ACLU llevaron su caso hasta el Tribunal Supremo. No eran activistas ni buscaban fama, solo querían regresar a su hogar, criar a sus hijos y poder dormir en paz sin tener que esconderse por haber elegido amar a la persona equivocada, según la ley.
El 12 de junio de 1967, el Tribunal Supremo de Estados Unidos les dio la razón en el caso «Loving vs Virginia» y declaró inconstitucionales todas las leyes que prohibían el matrimonio interracial. Ese día, Richard y Mildred ganaron mucho más que un juicio, ganaron su futuro.
Richard era un hombre callado, un albañil de manos firmes y palabras justas. Le dijo a su abogado que simplemente demostrara una cosa ante el tribunal, una frase que lo resumía todo: «Demuéstrales que amo a mi esposa». Y esa fue toda su revolución.
Pudieron por fin volver a su casa en Virginia, donde criaron a sus hijos lejos del odio, pero cerca de sus raíces, hasta que Richard murió en 1975 en un accidente de tráfico. Mildred vivió hasta 2008, defendiendo siempre el derecho de todos a amar sin permiso.
La historia de los Loving es mucho más que una victoria judicial, es una lección poderosa sobre lo que ocurre cuando el amor necesita pedir permiso y también sobre lo que puede cambiar el mundo cuando dos personas se niegan a odiar, aunque la ley se lo exija.
Cada 12 de junio se celebra en Estados Unidos el Loving Day, no con desfiles ni fuegos artificiales, sino recordando que nadie debería ser arrestado por amar a otro por muy distinto que sea.
Delicatessen.uy publica esta nota con autorización expresa de su autor.

