Cien años han pasado desde que tres de los nombres más importantes del tango coincidieran bajo un mismo título: Viejo ciego. No hay duda de que en 1926 Cátulo Castillo presentó a Homero Manzi y a Sebastián Piana, con motivo de que este último le pusiera música al poema del primero. Castillo ya conocía a Manzi, porque vivían cerca uno del otro y alguna vez habían hablado de asuntos literarios; a Piana lo conocía por su música, por el tango. Así lo escribió Cátulo Castillo en “Homero Manzi y un recuerdo”:
Y lo recuerdo así (a Manzi), con su rostro de niño muy bien alimentado, y sus ojos redondos y tristones, pero humoreando cosas, y relatando chistes y ocurrencias.

—Te presento a un pianista… pero, en verdad, pianista… Este es Sebastián Piana… Aquí, Homero Manzione…
Y entonces en el tríptico, todavía juvenil, se armaban cosas del ensueño de muchacho.
[…]
—Miren… No se rían… He compuesto una letra que me inspiró el ciego “Alejandrín”, de la fondita… Le puse “Viejo ciego”… Se las leo:
Con un lazarillo llegás por las noches
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo parece un fantoche
tu rara silueta de flaco rocín.
Fue una revelación. Y entonces, aquel tríptico —todavía adolescente—, realizó su tanguito del incio, pero sobre todo, consolidaría una amistad inalterable, que habría de conducir el binomio recreador de las milongas, en la ya antológica e inalterable profundidad popular de “Milonga Sentimental”, “Milonga Triste”, “Milonga del 900”… ¡Qué sé yo!
Sin embargo, Julio Ardiles Gray en “Cátulo Castillo cuenta aspectos de su vida” mostró algunas ligeras variaciones de este primer encuentro:
Yo tenía 17 años y él uno menos. Cuando supo que yo era el autor de «Organito de la tarde», se acercó y me dijo: «Mirá Cátulo, yo tengo una letrita ¿sabés?, se llama “El ciego del violín”, ¿No te gustaría ponerle música?». Le dije que sí, que me trajera la letra. Era muy buena, dedicamos el tango al viejo Carriego y, finalmente, se tituló «Viejo ciego». Con este tema Manzi se iniciaba como autor.
«Más tarde le presenté un pelado que venía a mi casa: «Este es un muchacho que compone muy bien —le dije—, juntos pueden hacer grandes cosas». El muchacho era Sebastián Piana. Era hijo de un peluquero que tocaba muy bien la guitarra.

Entre las variantes, la más llamativa es el momento en que Manzi presentó la letra o el poema de que sería “Viejo ciego”; en el artículo firmado por el propio Cátulo Castillo, lo hizo una vez ya había conocido a Piana, mientras que en el de Julio Ardiles, que reprodujo las palabras de Castillo, sucedió antes.
El poema de “Viejo ciego” se presentó a un concurso de letras de la revista El alma que canta en 1925, pero Manzi lo retiró, al parecer, por indicación de Cátulo Castillo (por cierto, en ninguno de los dos anteriores textos mencionó tal hecho), con la intención de que este y Sebastián Piana le añadieran la música. Hay algunos autores, como Raúl A. March que sitúan la escritura en torno a 1921-22, cuando Homero Manzi tenía 14 años, pero en Sur. Barrio de tango, cuya edición realizó su hijo, Acho Manzi, no se trata tal cuestión (solo indica que es de 1926) e, incluso, si leemos los textos que el autor había escrito en esos años, notamos que “Viejo ciego” tiene una letra más conseguida.
En definitiva, como apuntó certeramente Cátulo Castillo, este tango unió por primera vez a Manzi y a Piana, quienes más adelante renovaron la música criolla con sus milongas.
