
¡Qué grato descubrimiento! Y en el lugar menos pensado. Pocas veces paso entre semana por Bulevar Artigas y Palmar. Allí, en la esquina, hay un señor que vende libros. Sospecho que varios son usados -cosa que no es problema, sino todo lo contrario- pero otros tantos están nuevos, de paquete, porque tienen el embalaje original. El común denominador: están todos muy baratos y, en general, hay buenos títulos y autores. Como andaba sin ningún libro arriba, decidí comprar uno. Y compré tres, dos en oferta y uno más. Uno de ellos fue a pura intuición, seducido por la excelente portada. El texto de contraportada incluye el concepto de humor negro, por lo cual, ¡bingo! Claro que para pagar, tuve que despertar al señor, que estaba en un lago y profundo cabeceo.
Una vez ya escribí en delicatessen.uy/ sobre humor negro. Pero admito que, a menudo, es considerado un terreno delicado, que por suerte, ha encontrado su lugar en la literatura como una herramienta poderosa para explorar la condición humana, siempre tan compleja.El humor negro permite abordar temas difíciles a través de la risa, y demuestra que la ironía y la oscuridad pueden coexistir en un mismo espacio narrativo. Claro está que, esencialmente, este género desafía las convenciones y los tabúes, y convierte situaciones dolorosas o macabras en algo risible, o para la reflexión. Este tipo de humor nos invita a mirar de frente lo que normalmente se evita: la muerte, la enfermedad, la locura, entre otros males socialmente condenados. El humor permite explorar lo inexplorado, propone incomodar, cuando el lector cree estar confortable. La risa es una defensa ante la vulnerabilidad, y cuando se presenta en contextos sombríos, nos hace reconsiderar nuestra relación con el dolor.
El libro en cuestión es La tienda de los suicidas, del francés Jean Teulé (1953-2022). Se trata de un relato que ubica al lector en un universo distópico y grotesco. con La tienda de los suicidas, una novela que combina una premisa macabra con un ingenioso sentido del humor negro. En un mundo donde la desesperanza y la depresión han tomado el control de la humanidad, la familia Tuvache ha convertido su negocio en un refugio para quienes desean poner fin a su sufrimiento, a través del suicidio. Con una variedad de productos especializados para garantizar una muerte adecuada a cada cliente, este peculiar comercio se mantiene en pie hasta que un inesperado suceso ocurrió en la familia: el hijo menor, quien desafía la lógica de todos sus parientes vive en un inquebrantable optimismo. Por momentos me hace acordar a un relato de Don Verídico de Julio César Castro, Juceca, porque las situaciones humorísticas que relata, son absurdas, mutando la variable negra hacia el ridículo.

La trama de la novela se desarrolla en un contexto en el que la melancolía y la resignación son la norma. Cada miembro de la familia Tuvache cumple un papel dentro del negocio: Mishima, el padre, es un hombre severo y pragmático que ve en la muerte una solución; Lucrèce, la madre, maneja la tienda con una mezcla de resignación y eficiencia; mientras que los hijos mayores, Vincent y Marilyn, han sido criados en la misma filosofía. La llegada de Alan, con su naturaleza radiante y su incapacidad para sumirse en la tristeza, poco a poco pone a prueba la dinámica familiar y, sin darse cuenta, introduce pequeños cambios que desafían la esencia del negocio. Los nombres aluden a personajes universales, todos suicidas
El uso del humor negro en la novela no solo entretiene, sino que también funciona como una crítica social sobre el pesimismo, la alienación y la falta de esperanza en la sociedad de hoy en día. Lejos de ser una invitación a la tragedia, Teulé juega con la ironía para desmontar los absurdos de la existencia y, a través de la irreverencia, encontrar una forma de redención. «¿Su vida ha sido un fracaso? ¡Con nosotros, su muerte será un éxito!»
Uno de los mayores aciertos del libro es su capacidad para equilibrar lo macabro con lo entrañable. Los personajes, aunque inicialmente parecen caricaturescos en su desesperanza, van revelando matices a medida que avanza la historia. La presencia de Alan, con su dulzura y optimismo, funciona como un catalizador del cambio, recordándonos que incluso en los entornos más oscuros puede surgir la luz. La tragedia transformada en risa o, como dije, en ridícula.
En La tienda de los suicidas, este tipo de humor actúa como una válvula de escape ante la crudeza del contexto, invitando al lector a reírse de la fatalidad y, en el fondo, a encontrar esperanza en los lugares más insospechados.
Se trata de una novela breve, pero profunda sobre la actitud frente a la vida. Teulé demuestra que el humor, incluso el más ácido, puede ser un acto de resistencia ante la desesperanza.
La tienda de los suicidas, Jean Teulé. Ediciones Zeta.España, 2010.155 págs.
