«Y creo que los omnicomprensivos no pueden crear ».
Roberto Ledesma, alto, escuálido, con una expresión de cansancio, lleno de arrugas y de muecas, podría tener cincuenta años. Pidió ginebra e interrogó a su compañero de mesa.
—Bebes?
—No; no siento necesidad, contestó el aludido.—Este, de treinta años, más bajo, de aspecto triste y enfermizo, estaba acurrucado en su silla. Tenía una cara puntiaguda y exangüe, dominada por dos surcos profundos que salían de la parte inferior de la nariz hasta confundirse en las comisuras de los labios. Usaba lentes azules y un mechón de pelo le caía sobre la frente.
—Eres muy tonto, Pablo, dijo Roberto, probando el líquido; la bebida es un talismán. Libre de su influencia me reconozco impotente. Entonces me es imposible colocar en las cosas, un poco del espíritu que me sobra…y… ya conoces tú mi teoría: cuando la máquina humana no cree más fuerzas que aquellas que le sean necesarias para producir su propio movimiento, se verá obligada a vivir de si misma, y esto, no tiene gracia. Me río de los que opinan que el placer estriba en conocerse a través de las circunstancias y de los tiempos. Bien que se apreciara en aquellas épocas, según las cuales parecía reciente el eslabonaje humano. Pero hoy después de tantos siglos hoy que nos sabemos de memoria,… ¡Vaya!, es estúpido… lo mismo que si nos impusieran la tarea de contar desde uno hasta. hasta… ¡qué se yo!. hasta allá!.. —Estaba casi ebrio y las ventanas de la nariz se le dilataban. Prosiguió con alegría:
—¡Bebe, bebe! El alcohol nos desata de lo ridículo y entonces la vida bulle ardiente en nuestra sangre. No es él, quien nos marea: es la plenitud, la intensidad, el vértigo del sueño.
Pablo meneó la cabeza con desconsuelo y exclamó:
—Me es imposible.
—¡Imposible?… prorrumpió, Roberto, manifestando asombro.

EL AUTOR José Pedro Bellán (1889–1930) fue un narrador, dramaturgo, maestro y periodista uruguayo. Nació en Montevideo, y desarrolló su obra entre la Generación del Novecientos y la del 20. Alcanzó su mayor madurez literaria y éxito como dramaturgo en la década de 1920. Escribió destacadas obras teatrales como Vasito de agua, La ronda del hijo y El Centinela muerto. Su última etapa apuntaba hacia un teatro más experimental, interrumpido por su muerte prematura. También publicó novelas y relatos de gran relevancia, entre ellos Doñarramona y El pecado de Alejandra Leonard. Su cuento «La realidad» es considerado uno de los hitos de la narrativa urbana uruguaya. Como maestro, fue el primer mentor del escritor Felisberto Hernández. Militó en el batllismo y fue diputado entre 1926 y 1930. Su legado literario perdura, y obras como Doñarramona fueron adaptadas posteriormente al teatro
