
Durante todo el año, pero aún más durante períodos festivos, es costumbre regalar dulces. Es habitual que cuando vamos a comer a casa de familiares o amistades durante el período navideño, llevemos, por ejemplo, algún turrón, el dulce típico español en forma de tableta, hecho de frutos secos tostados y mezclado con miel y azúcar. Ahora ya los hay de casi cualquier sabor, desde comerciales como Chupachups o Donuts, que se han ido popularizando los últimos años, hasta otros de algarroba o plancton, que se añaden a los turrones tradicionales como el duro y blando, el de chocolate o, más recientemente, el de pistacho. Así mismo, las mesas navideñas (y no solo navideñas) incluyen los turrones como postres, junto con las neulas (galletas finas, crujientes en forma de rulo tradicionales en Catalunya) y los polvorones.
En este contexto, el Diccionario de la lengua española define, en su primera acepción, la palabra regalar como ‘Dar a alguien, sin recibir nada a cambio, algo en muestra de afecto o consideración o por otro motivo’. No obstante, es también interesante el origen de la palabra, del francés régaler, ‘divertirse, festejar’. Por lo tanto, si consideramos esta acepción, regalar tiene una connotación de cortesía pero también el significado de compartir. El Diccionario Larousse define la palabra régaler como ‘ofrecer a alguien una buena comida, un plato sabroso o una bebida’, pero también mantiene esta conexión con su significado original: ‘Ofrecer a alguien un placer o disfrute’, que engloba el hecho de agasajar y deleitar.
El significado en español ha adoptado también este origen francés, manteniendo la idea de agasajar o tratar bien a alguien, sobre todo mediante comidas o bebidas y, muy especialmente, a través de dulces, pero a la vez de diversión y festejo. En la actualidad, pues, el significado de regalar se puede entender desde esta doble perspectiva: la hospitalidad como una muestra de cortesía y la práctica de ‘regalar’ como símbolo de afecto y celebración, de compartir un espacio afectivo, que es también cultural y social, a través de los dulces.
En ambos casos, se establece una conexión cultural importante que se refleja en aquello que se regala, lo cual es un ejemplo de nuestra identidad y del contexto de nuestro patrimonio alimentario, pero también es el resultado de un diálogo intercultural que relaciona tradiciones propias con tradiciones (dulces) de otras culturas y que enriquecen el continente y el contenido de los espacios compartidos a través de lo dulce. A esto se le añade también la costumbre que cuando alguien viaja, un souvenir habitual (tanto de las personas que te reciben como cuando vuelven) son los dulces típicos del país que se ha visitado y que contribuyen a regalar afecto y a generar placer.

