En el tiempo cercano a la Semana Santa, aprovecho las líneas de Delicatessen para volver a hablar de la Semana Santa del centro de Andalucía. Esta vez nos centramos en la ciudad de Lucena, en la provincia de Córdoba, con motivo de que no hace un mes ha sido catalogado como Bien de Interés Cultural el modo de llevar los pasos en esta ciudad, que se denomina santería; el rasgo singular y original de la Semana Santa de Lucena.
La santería se realiza a hombros, al toque de un ritmo determinado de tambor; esto es, santear. Los pasos son llevados así por cuadrillas de santeros, quienes portan el trono a hombro y van mandados por un manijero que lleva un timbre en la esquina delantera derecha. Este timbre indica cuando se lleva a hombros o cuando descansa el paso en las horquillas que llevan los santeros. Cada santero tiene un puesto y una función específica, de tal manera que la solución de conjunto sea única: la de santear el paso adecuado del Cristo o de la Virgen. A esto hay que añadir que los manijeros y los santeros son distintos cada año y que serlo implica cierta relevancia social.
Para la procesión, los santeros tienen una vestimenta típica: túnica corta y capirote sin cubrerrostro del color de la cofradía, camisa y pañuelo blancos, pantalón de medio ancho, y botines (generalmente, negros). Deben estar afeitados (sin barba ni bigote) y no deben lucir relojes ni pulseras (no obstante, sí llevan gemelos en los puños de las camisas). El proceso de vestir a un santero suele pasar de padres a hijos y aún tiene carácter íntimo. Otro momento con cierta intimidad sucede ya en la iglesia, es el de amarrar la almohadilla a unos asideros, asones, de los varales del trono, en el puesto que le pertenece por haberlo determinado así el manijero y que se corresponde con una cuña de madera que es la clave para que se reparta el peso por igual entre todos los santeros.
Cada paso tiene una manera distinta de santear, pues no es lo mismo expresar el peso de la cruz de un Nazareno que la muerte de un crucificado o el dolor de la Virgen. Así, por ejemplo, la tarde del Jueves Santo encontramos una santería muy vívida, con mucho movimiento, como la del Cristo amarrado a la Columna, y otras más reposadas, como la del Lavatorio o el crucificado Cristo de la Sangre.
El Viernes Santo de Lucena es un momento único, mantiene la esencia desde el siglo XVIII y el sabor de la tradición más pura: los penitentes visten la túnica típica lucentina sin cubrerrostro y no siguen un orden en la procesión; incluso, en un momento dado, podrán sustituir a los santeros durante un tramo del recorrido. Este día comienza con la salida de Jesús Nazareno, que se anuncia con el torralbo (una corneta con un sonido único) a las seis de la mañana; sobre las ocho, en la Plaza Nueva, el centro de la ciudad, se reza un miserere popular y el Perdón, hasta dar la primera de las tres bendiciones que impartirá durante el recorrido; la santería del Nazareno es la más importante de la Semana Santa. Por la tarde, tiene lugar la procesión del Santo Entierro que tiene la curiosidad del modo único de santearse y de mantener un cortejo propiamente lucentino.
Son muchos más los detalles que, por no extenderme, omito en esta aportación semasantera de Delicatessen. El hecho de que la santería de Lucena sea declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía pone de manifiesto el valor de la misma dentro del rico patrimonio inmaterial de esta comunidad del sur de España.
