A menudo oímos en los medios el término “caza de brujas” para referirnos, según la RAE, a una persecución motivada por prejuicios sociales o políticos. La obra de teatro de El crisol de Arthur Miller (también traducida como Las brujas de Salem, The Crucible en el original), escrita en 1952 y estrenada un año más tarde, está basada en una caza de brujas real.
Se trata de la persecución ocurrida en el pequeño pueblo de Salem, Massachusetts, entre 1692 y 1693, contra cientos de vecinos de la localidad que fueron acusados de brujería. Esta espiral de acusaciones sin pruebas se saldó con la muerte en la horca de 19 residentes (catorce mujeres y cinco hombres).
Caza de brujas
Arthur Miller se remontó a un caso real del siglo XVII para criticar la situación política que estaba viviendo Estados Unidos en aquella época.
En febrero de 1950, un senador hasta entonces desconocido para el gran público, Joseph McCarthy, había pronunciado un discurso en el que advertía de que miembros del Partido Comunista, en plena Guerra Fría, se estaban infiltrando en la administración norteamericana. Lo hacían, según él, para realizar labores de espionaje e injerencia a favor de la Unión Soviética, lo que suponía una clara amenaza para el bienestar de Estados Unidos.
A partir de entonces se desarrolló una auténtica caza de brujas en la sociedad estadounidense de la época. Si bien McCarthy había hablado de “topos” en la administración, pronto esta persecución se extendió a otros sectores como la prensa, las universidades o la industria cinematográfica. Fue particularmente alta la incidencia que tuvo en Hollywood, con afamados intérpretes y directores de la época siendo acusados.
Intérpretes, guionistas y directores como Charles Chaplin y Orson Welles fueron acusados de ser comunistas. Hubo numerosos colaboradores que testificaron voluntariamente, ofreciendo evidencias y testimonios en contra de sus compañeros. Entre estos estaban la madre de Ginger Rogers, Gary Cooper, Walt Disney o Ronald Reagan (posteriormente presidente de Estados Unidos), quienes dieron su “testimonio amistoso”.
En cambio, el director Edward Dmytryk y nueve guionistas –Alvah Bessie, Herbert Biberman, Lester Cole, Ring Lardner Jr., John Howard Lawson, Albert Maltz, Samuel Ornitz, Adrian Scott y Dalton Trumbo–, conocidos como “los diez de Hollywood”, fueron llamados ante el comité pero se negaron a responder, viendo sus carreras negativamente afectadas por ello.
A su vez, un grupo de directores e intérpretes encabezados por John Huston, entre los que se encontraban Groucho Marx, Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Kirk Douglas, Rita Hayworth, Judy Garland y Lauren Bacall, entre otros, manifestaron su profundo rechazo a este atropello de los derechos de sus compañeros investigados. Esto, a su vez, les valió ser calificados de “frente comunista”. Bogart salió al paso y rechazó ser comunista, alegando ser, en cambio, un firme defensor de la libertad de expresión.

La cultura de la cancelación
¿Por qué, entonces, merece la pena leer El crisol en esta época de redes sociales?
En la obra, un grupo de jóvenes acusa a diversos vecinos de la localidad de estar embrujándolas para que se comporten de manera extraña. Lo hacen instigadas por una de ellas, Abigail Williams, y para evitar ser castigadas tras ser sorprendidas bailando en el bosque.
Entre los vecinos acusados se encuentra Elizabeth Proctor, esposa de John Proctor, con quien Abigail había tenido un romance el año anterior. John intentará que las jóvenes confiesen sus mentiras para salvar a su esposa y poner fin a esa oleada de acusaciones de brujería infundadas, motivadas por antiguas rencillas y enemistades.
La obra denuncia cómo la presión colectiva y la culpa pueden llevar a acusar y condenar a inocentes por crímenes que no han cometido. De hecho, la obligación moral del artista de denunciar situaciones injustas y dar voz a los oprimidos es un tema recurrente en la obra de Miller. No obstante, hay que tener en cuenta que, aun basándose en hechos reales, el dramaturgo se tomó algunas libertades artísticas, cambiando la edad de Abigail y Proctor para poner a una infidelidad entre ambos como motor de la trama.
La influencia de las redes
Actualmente, demasiadas distracciones digitales compiten con nuestra atención y la lectura sale inevitablemente perdiendo.
De acuerdo con el informe Digital 2025: Global Overview Report, en febrero de 2025 el 67,9 % de la población mundial utilizaba Internet y el 63,9 % empleaba redes sociales. De acuerdo con sus datos, los usuarios de Internet de más de 16 años usaban Internet una media de 6 horas y 38 minutos diarios en 2024.
Vivimos en un mundo dominado por las redes sociales en el que la mayoría de las personas reciben la información no ya por periódicos o informativos televisivos sino a través de Internet. Los ataques a la libertad de prensa en los últimos tiempos han sido numerosos y, en estos tiempos de crispación política, hemos visto cómo algunos periodistas han sido acusados de crear bulos o de malas prácticas profesionales por haber dado a conocer noticias que no interesaban a determinados grupos políticos.
Las fake news proliferan y aunque a menudo pensamos que nosotros no caeríamos en estas mentiras, la sofisticación y diversidad de las mismas hace que en ocasiones sea muy difícil distinguir entre realidad o falsedades. Un estudio de 2018 reveló de manera alarmante que las noticias falsas llegaron a un mayor número de personas que la verdad.
Al mismo tiempo, la cultura de la cancelación se ha impuesto. Un post en una red social que puede ser malinterpretado o considerado ofensivo para una minoría o unos comentarios desafortunados pueden llevar a que a una persona anteriormente admirada sea públicamente vilipendiada y denostada. Las cazas de brujas proliferan en las redes sociales, con los acusadores escudándose en el anonimato que permite la distancia a través de una pantalla.
Leer de nuevo
Esas son las razones más claras para leer en 2025 El crisol.
Aunque Miller recreara una persecución de brujas en el siglo XVII con el telón de fondo de la Guerra Fría y la persecución a personalidades comunistas en EE. UU., la obra cobra una especial relevancia en nuestros tiempos.
Actualmente, las redes sociales se transforman en juez y parte para supuestas transgresiones sociales, organizando cazas de brujas de alcance global. Es en estas circunstancias en las que el mensaje de la obra, sobre qué hacer mientras se vilipendia y condena a inocentes –callar o alzar la voz–, cobra una especial relevancia.
LA AUTORA Carmen Gómez Galisteo, Profesora ayudante doctora del departamento de Filologías extranjeras y sus lingüísticas, UNED – Universidad Nacional de Educación a Distancia
