
En el hemisferio norte, otoño se abre paso entre calores inusuales y lluvias torrenciales, en el proceso de transición entre verano e invierno. Otoño se asocia con colores cálidos y terrosos, como el marrón o el naranja. Otoño nos muestra también como caen las hojas de los árboles, un proceso de transformación de la naturaleza a través del cual los árboles se empiezan a proteger para ahorrar energía durante el período invernal. Y otoño, como las otras estaciones, nos ofrece unos frutos de temporada únicos.
Otoño es la estación de la calabaza. Aunque las calabazas iluminadas (conocidas en inglés como jack-o’-lanterns), calabazas a las que se les coloca una vela en su interior, son uno de los símbolos más representativos de Halloween, su origen se remonta a los antiguos celtas y la celebración del Samhain (en su traducción, fin del verano), una festividad que marcaba el fin de las cosechas y el inicio del invierno, en la cual para protegerse y ahuyentar a Jack se iluminaban nabos en lugar de calabazas, que se fueron imponiendo a medida que los inmigrantes irlandeses llevaron la tradición a Estados Unidos.

En otoño, si las lluvias han hecho su trabajo, es cuando los bosques se llenan de setas, que se camuflan con sus sombreros de colores marrones entre el musgo y las ramas caídas. Los bosques se convierten en auténticos laberintos mágicos donde descubrir no solo olores sino sonidos que acompañan nuestro paso al crujir las hojas que están en el suelo. El olor a tierra mojada es uno de los rasgos de identidad natural que puede revelar la presencia de setas antes de encontrarlas, aunque animales como los perros o los cerdos tienen mucho mejor olfato que los humanos.
Otoño es también la época de las castañas. En Catalunya, es costumbre encontrar puestos de venta callejeros en los cuales de preparan castañas y, en algunas, también moniatos asados. La Castanyera es el personaje emblemático de la festividad de la Castanyada. La Castanyera, que representa a una mujer anciana con una falda larga, un delantal, y un pañuelo en la cabeza y un chal sobre los hombros para protegerse del frío, acostumbra a tostar castañas en un fogón de carbón, las mueve en una sartén agujereada y las envuelve en cucuruchos de papel de periódico, conocidos como paperines. La canción tradicional de la Castanyera, en catalán, dice:
“Quan ve el temps de collir castanyes
La castanyera, la castanyera
Ven castanyes de la muntanya
A la plaça de la ciutat
La camisa li va petita
La faldilla li fa campana
Les sabates li fan cloc-cloc
I al ballar sempre gira així”
La costumbre catalana de otoño se completa con panellets, unos dulces de masa de almendra, y con vino moscatel. Si las tiendas de comestibles y los supermercados llenan y decoran los espacios de hortalizas con tipos y variedades de calabazas y capazos de castañas (normalmente crudas), las panaderías y pastelerías organizan sus escaparates con surtidos de panellets, desde los más típicos de piñones, hasta los de almendra, coco y chocolate, o con sabores frutales de fresa, limón y plátano. En el contexto de la repostería, hay también espacio para la creatividad y la imaginación, que se refleja en panellets de crema catalana, tarta Sacher o té matcha, y de vermut, aunque no hay nada como el olor de panellets recién horneados en casa.

