
Hace apenas unos días tuve el privilegio de participar en la presentación de la reedición, en plataformas digitales, del único álbum de MonTRESvideo. Mientras pensaba algunas palabras para ese encuentro, me descubrí diciendo algo que no había pensado demasiado, pero que salió con absoluta naturalidad: «Hay discos que nos gustan. Hay discos que admiramos. Y hay discos que nos construyen. Este es uno de los discos que me construyó.» Después comprendí que, en realidad, esa frase resumía una parte importante de mi relación con la música.
Cuando uno llega a cierta edad descubre que la sensibilidad no aparece de un día para otro. Se va formando lentamente. Y en mi caso, esa educación sentimental tuvo banda sonora. MonTRESvideo fue una de esas primeras piezas fundamentales. Claro que tampoco fue el único ejemplo, hubo otros como Cansiones barias de Leo Maslíah, los discos de Los que Iban Cantando, Rubén Olivera, Rumbo, Travesía, Cometa de la Farola, Aquello… Todos fueron construyendo, casi sin que yo lo supiera, mi manera de entender la música popular uruguaya. No sólo la música que me gustaba escuchar, sino la que me enseñó a escuchar.
Por eso la reedición de este disco tiene un significado que trasciende la recuperación de un título casi inhallable. Lo que vuelve no es solamente un álbum grabado en 1981. Vuelve un momento particularmente fértil de la creación musical uruguaya. Vuelve una manera de escribir canciones. Vuelve una sensibilidad.
Y vuelve, también, la posibilidad de que nuevas generaciones descubran una obra que nunca perdió vigencia.
El trío formado por Fernando Cabrera, Daniel Magnone y Pacho Martínez nació en 1977 y apenas cuatro años después registró el único álbum de su historia. Bastó ese trabajo para entrar, silenciosamente, en el patrimonio afectivo de varias generaciones. No fue un éxito de ventas. No llenó estadios. No ocupó los primeros lugares de las radios. Hizo algo mucho más difícil: encontró un lugar permanente en la memoria de quienes lo descubrieron. Y si se me permite, lo descubrimos.

Escucharlo hoy produce una sensación curiosa. No parece un disco de archivo ni una pieza de museo. Suena actual. La canciones tienen esa mezcla de delicadeza, inteligencia y austeridad que nunca pasa de moda y una fuerza creadora de un jovencísimo Cabrera, que años más tarde también formaría al innovador y efímero Baldío y luego se transformó en el gran cantautor que es.
Es imposible hablar de MonTRESvideo sin detenerse en Cabrera. No en contraposición a Daniel Magnone o a Pacho Martínez —sería profundamente injusto—, sino porque este álbum permite asistir al nacimiento de una de las voces más originales que ha dado la música popular uruguaya.
En MonTRESvideo ya está casi todo lo que después identificaríamos como el universo Cabrera. La ciudad observada con sensibilidad y sin solemnidad. Los personajes cotidianos. Las pequeñas historias que parecen insignificantes hasta que una canción las vuelve inolvidables. Esa forma tan suya de emocionar sin exagerar, de escribir con una economía de palabras que deja espacio para el silencio. Nunca mejor aplicado el dicho “cuando menos es más” encaja perfectamente aquí. Pero el disco también revela el enorme talento de Daniel Magnone como compositor y la decisiva presencia musical de Pacho Martínez. MonTRESvideo nunca fue un proyecto alrededor de un nombre. Fue un verdadero encuentro creativo, de esos que suceden muy pocas veces.
En la presentación recordé que este disco de MonTRESvideo lo compré en un local de la Galería Delondon, cuando yo tenía 16 años. Allí compraba los discos que se editaban. No participaba, por razones de edad, entre otras cosas, de un intercambio de discos y músicas prohibidas por la dictadura. Eso vino después. En aquel momento, digo que no crecí con el relato épico de las canciones clandestinas. Mi historia fue mucho más sencilla.
El otro día no asistimos al lanzamiento de un álbum en las plataformas digitales. Asistimos al rescate de una parte esencial de nuestra memoria cultural, como recordó Mauricio Ubal, de Ayuí Tacuabé, músico e integrante de Rumbo.
Las plataformas suelen asociarse con la velocidad, el consumo inmediato y la novedad permanente. Qué bueno que también sirvan para devolvernos obras que parecían reservadas a los viejos vinilos, a los cassettes gastados o a los recuerdos de quienes las escucharon en su tiempo.
Hay jóvenes que descubrirán este disco por primera vez con un clic. Y eso, lejos de preocuparme, me llena de expectativa. Para escuchar canciones no hay edad.
Aunque nunca pretendió dar cátedra, quizá esa sea la mayor enseñanza de MonTRESvideo: que algunos artistas no necesitan una larga discografía para ser fundamentales. Que un solo disco puede alcanzar para cambiar la sensibilidad. Doy fe.

