
La sal común, cuyo nombre químico es “cloruro de sodio” y su fórmula, NaCl es el más antiguo de los condimentos con que aderezamos nuestras comidas, porque estimula receptores específicos que tenemos en la lengua. Sin embargo, desde el siglo XVII se recomienda evitar su consumo excesivo. Se usa no solo como condimento, sino también como conservante en la carne y el pescado.
Su nombre nos llegó desde el latín sal, salis, y, con variantes, es común no solo a las lenguas romances, sino a muchas otras, puesto que la palabra es de origen prehistórico, mucho más antigua que el latín. En efecto, los pueblos prehistóricos indoeuropeos usaban la raíz sal- para referirse a este producto y sus derivados léxicos. Nebrija (1495) menciona la expresión sal cosa para significar ‘cosa graciosa’ y, en el español de Andalucía fue donde primero apareció el vocablo saleroso, para referirse a una persona alegre y divertida. El nombre de la sal tiene numerosos derivados: salario, salado, salazón, saladero, ensalada, salame, entre muchos otros.
Oda a la sal de Pablo Neruda
Esta sal
del salero
yo la vi en los salares,
sé que
no van a creerme,
pero canta,
canta la sal, la piel
de los salares,
canta
con una boca ahogada
por la tierra.
Me estremecí en aquellas
soledades
cuando escuché
la voz
de la sal
en el desierto.
Cerca de Antofagasta
toda
la pampa salitrosa
suena:
es una
voz
quebrada,
un lastimero
canto.
Luego en sus cavidades
la sal gema, montaña
de una luz enterrada,
catedral transparente,
cristal del mar, olvido
de las olas.
Y luego en cada mesa
de este mundo,
sal,
tu sustancia
ágil
espolvoreando
la luz vital
sobre
los alimentos.
Preservadora
de las antiguas
bodegas del navío,
descubridora
fuiste
en el océano,
materia
previada
en los desconocidos entreabiertos
senderos de la espuma
polvo del mar, la lengua
de ti recibe un beso
de la noche marina:
el gusto funde en cada
sazonado manjar tu oceanía
y así la mínima,
la minúscula
ola del salero
nos enseña
no sólo su doméstica blanca,
sino el sabor central del infinito.
Delicatessen.uy publica esta nota con autorización del autor. Originalmente aquí
