
El escritor lucentino Manuel Guerrero Cabrera, al que debemos una serie de estudios sobre la literatura y el tango, además de varios libros de versos (1), nos ofrece ahora una interesante novela histórica sobre Estrellita Castro (La Estrella de la canción, Madrid, M.A.R. Editor, 2024). Esta obra ha obtenido el IX Premio de Novela Histórica Alexander Dumas, de la citada editorial madrileña, en cuya página web leemos que ha sido seleccionada entre 261 novelas procedentes de 25 países. Allí se indica, además, que es ésta “la edición del premio en la que han participado más autores y representando a más países”. Toda una hazaña literaria, pensamos nosotros.
Se incorpora así Manuel Guerrero a la amplia corriente de cultivadores de la novela histórica española actual, en sus múltiples tendencias temáticas, ediciones y volúmenes, que el amplio público de este género literario lee con interés y, en ocasiones, con apasionamiento. Estamos ya lejos de la novela histórica del período romántico (1830-1844), raíz de la narrativa actual del mismo tipo, con su recreación deformada y sentimental de nuestra Edad Media, enorme y delicada, como la definió Verlaine, en su libro Sagesse, recreación literaria que dio paso luego al interés que provocaba la realidad más cercana, más inmediata, ya en la segunda mitad del siglo XIX, con la incuestionable aportación de don Benito Pérez Galdós, que se ocupa de la historia decimonónica española (46 novelas históricas en total, bajo el título de Episodios Nacionales, 1872-1912), en narraciones cronológicamente muy cercanas a las propias vivencias del novelista canario. Así, por citar un ejemplo clarificador, los sucesos de la última novela de la serie, Cánovas, publicada en 1912, se refieren a hechos históricos acaecidos entre 1874 a 1880, y Galdós, buen observador de la historia y del mundo circundante, vivía en Madrid desde 1863.
La novela La Estrella de la canción se refiere también a sucesos relativamente cercanos, obviamente no vividos directamente por Manuel Guerrero, demasiado joven para conocer, por ejemplo, a Estrellita Castro, fallecida en 1983, pero documentados directamente y con extrema pericia por el autor en revistas y otras publicaciones periódicas del primer tercio del pasado siglo XX, mediante una asidua frecuentación a hemerotecas reales y virtuales.
Desde los estudios realizados en torno al tango y a Gardel, personaje del que nuestro escritor es un auténtico especialista, recala luego en la atractiva figura de la famosa cantante sevillana, cuya vida y actividades acota en un corto período de tiempo, aproximadamente el que va desde 1921, dato citado al comienzo de la novela, hasta 1936, con el terrible problema de la guerra civil española. Son unos 15 años los que se reflejan en esta recreación histórica con datos y sucesos novelescos, quizás factibles en algunas ocasiones, en torno a Estrellita y a su mundo, teniendo como telón de fondo el espectáculo español de la época.
Como se suele señalar, la canción española, de raíces andaluzas, a veces llamada expresamente canción andaluza, tiene en la cantante sevillana una de sus mejores representantes de su momento, tanto en lo que se refiere a calidad de voz y matices como en el genio personal y en el carácter que la acompañaron a lo largo de su vida. En el ámbito de las varietés, como se denominaban entonces los espectáculos y actuaciones de estas artistas populares, que eran predominantemente mujeres (salvo algunos hombres, como Angelillo o Miguel de Molina), encontramos unos años, en torno a las primeras décadas del siglo XX, dominados por el cuplé, con la presencia grácil de Raquel Meller, a los que siguen los felices años veinte, la Edad de Plata de nuestra cultura, con cantantes importantes como Estrellita Castro o Imperio Argentina, cultivadoras (2) ya de la canción española propiamente dicha, para desembocar por último en los años treinta y siguientes, en la figura fundamental de Concha Piquer, que desarrollaría una amplia carrera durante la época franquista y consolidaría de manera definitiva y magistral la fórmula de la canción española, vigente a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado.
De la importancia y del interés de la figura de Estrellita nos da noticias Álvaro Retana, uno de los mejores conocedores del mundo de las artistas de aquellos años. Así escribe en su obra Historia del arte frívolo (1964):
En los últimos años veinte (3), Ofelia de Aragón, empresa veraniega y actuante en el teatro Romea, de Madrid, presentó, cediéndola el puesto de estrella en el programa a cambio de moderación en el sueldo, a Estrellita Castro, a la sazón artista muy aplaudida en los “music halls” de Barcelona.
El público rindióse incondicional a aquella chiquilla sevillana, menudita, rubia como las espigas de junio, con unos ojos verdes de fulgor luminoso, que a la belleza personal unía excepcionales facultades de cantante y bailarina y sobre todo una simpatía arrolladora, sorprendente dinamismo.
Era completamente distinta por temperamento a estrellas andaluzas consagradas, como Pastora Imperio y Amalia Molina, sevillanas; Candelaria Medina, malagueña; Dora, la Cordobesita.
Reconocida como primerísima atracción, fue reclamada para protagonizar varias películas, y al formar espectáculo propio, interpretó algunos entremeses de los hermanos Álvarez Quintero. Desde entonces hasta 1964 la carrera de Estrellita Castro no se oscureció por efecto de los años.
La última vez que la vi fue por televisión. Y pude comprobar que Estrellita Castro prosigue con la misma preciosa voz, sugestiva belleza, simpatía y dinamismo que cuando debutó en la capital de España. A otras artistas más jóvenes que ella se las ve arrugaditas, ajadas, perdido el empuje; Estrellita permanece en maravillosa primavera, cantando sus creaciones “María de la O” y “Mi jaca”, con las mismas partituras del día que las estrenó, sin haberlas bajado de tono.
Y lo que es más admirable todavía: está inmunizada contra la canción moderna, extranjeroide, porque es demasiado española para pasarse al enemigo (4).
Por otra parte, hay que señalar que la popularidad de Estrellita se fue acrecentando con la participación de la misma en varias películas, muchas de ellas de ambiente andaluz, como el cortometraje Patio andaluz (1933), basado en el sainete El patio, de los Álvarez Quintero, e interviene también en la versión cinematográfica de la comedia Mariquilla Terremoto (1939), dirigida por Benito Perojo, cuyo original es también de los comediógrafos sevillanos, aunque el film de más calidad sería Rosario la cortijera (1935), rodado en pleno periodo republicano. Episodio interesante es el rodaje, llevado a cabo en la Alemania nazi, de varias películas protagonizadas por Estrella, entre las que se encuentran El barbero de Sevilla (1938), Suspiros de España (1938) y la ya citada Mariquilla Terremoto, situación que hemos visto libremente recreada en el cine español moderno (La niña de tus ojos, 1998, de Fernando Trueba).
Además, hizo compatible estas tareas cinematográficas con numerosos espectáculos musicales de alta calidad, por lo general, y gran éxito de público, que fueron admirados primero en Madrid y en Barcelona, y más tarde en numerosos lugares de la península, por medio de las inevitables giras por provincias. Entre ellos, suelen citarse La copla andaluza o la comedia musical María de los Dolores, de tal manera que preciosas creaciones musicales como “Rocío”, “Mi jaca”, “Suspiros de España”, “María de la O”, “Ojos verdes”, etc., fueron el telón de fondo musical de toda la sociedad española de la guerra civil y la inmediata posguerra (5).
Volviendo a la novela que reseñamos, en la que se reflejan correctamente los rasgos que señalan las críticos que se han ocupado de la famosa artista andaluza, podemos constatar que la división en tres partes del relato está estructurada también en torno a tres canciones, una de ambiente argentino, porteño, la conocida “Milonga sentimental”, que popularizó Gardel, de tan pegadizo estribillo, puesto que la sevillana también interpretó de hecho tangos y otras canciones del mismo estilo, aspecto que ha ido documentando el autor de la narración, y dos canciones más de ambiente andaluz o español, que son, estas últimas, algunas de las creaciones más conocidas, divulgadas y recordadas de Estrellita; nos referimos a “Mi Jaca” y a “María de la O”. Hay en varias canciones suyas algunos elementos cordobeses (así lo recordamos en la presentación de la novela que tuvo lugar en la sede de nuestra Academia”), como aquel sombrero cordobés citado en “Mi jaca” (“y luciendo por corona y como peina / la majeza del sombrero cordobés”) o nuestro pintor más significativo, Julio Romero de Torres, cuya creación pictórica sirve de base a la canción “La morena de mi copla”.
En el texto narrativo, la expresión lingüística de Estrellita nos parece bien conseguida, convincente, con la inserción frecuente de rasgos fonéticos andaluces y diversos coloquialismos de nuestra tierra, algo que se daba de hecho en su forma de hablar, como comprobamos, por ejemplo, en la entrevista que se le hace, en la revista La Estampa, en marzo de 1936, en la que trata la manera de interpretar a sus personajes, en contacto con el mundo real de los gitanos. Así escribe la periodista:
Estrellita Castro, especializada en mositas desgrasiás, tiene en un mueble de su comedor, dispuestas a todas horas, media docenita de botellas de buena manzanilla.
―Oro puro ―dice―. ¿Qué mejor que esto; el vino de “allá abajo”, para inspirarme? Después de un par de copas de mansaniya soy yo capá de interpretá, no sólo Mi jaca y María de la O, sino la mismísima Carmen, de Bizet, que también era paisana mía… ¡Digo!
Para mejor interpretar los personajes gitanos, en que se ha especializado Estrella, se reúne en los colmados madrileños con todo lo más florío del cante y del baile flamenco que anda por la capital de la República.
―Y si no ―oigamos a Estrellita― les “cojo” en su propia salsa, en sus campamentos, ayá por el Puente de Toledo… y que no se ponen contentos ni na cuando me ven aparesé. Siempre son unas pesetita que les caen… Y unas entradas para el teatro. Así me fijo en sus gestos y costumbres… Porque no es igual lo andaluz que lo gitano, no se vaya a creé. Y hasta les compro la ropa. ¡Anda!. (6)
En la novela de Manuel Guerrero, Estrellita se expresa de forma parecida, con la pérdida de la ―d― intervocálica en algunos casos, como sucede en el caso de un personaje fundamental del argumento, Antonio, al que ella llama cariñosamente el Múo, porque al comienzo del relato hablaba poco. De esta manera se dirige al compositor Manuel Font de Anta:
―Mire, don Manuel, ¿ha escuchao usté un tango argentino? La música y la forma de cantar tango son fácilmente reconocibles: hay algo distintivo en la melodía, que te transporta a la Argentina, sin necesidad de haber estao allí, y pasa igual con el cante, que te lleva a una calle de Buenos Aires. Eso quiero con nuestra canción. (7)
Podemos comprobar también la forma de expresión, que mantuvo a lo largo de su vida, en las películas y en las declaraciones realizadas en la televisión española, como la entrevista con José María Íñigo (1979), del programa Fantástico, o con el mismo entrevistador, en Estudio abierto (1983), una de las últimas que se le hicieron, ambas accesibles ahora en youtube. Como es frecuente en las hablas andaluzas, Estrellita es seseante, como buena sevillana, y presenta en su voz un acento ligeramente nasal.
Estamos, en consecuencia de lo que hemos ido señalando en esta reseña, ante una novela interesante, de fácil lectura y comprensión, amena en su argumento, que nos da una visión que nos parece correcta del personaje de Estrellita Castro y de su circunstancia histórica. Si Manuel Guerrero quiere continuar por el camino de la novela histórica, y creemos que no le faltan cualidades para ello, en el panorama musical de la primera mitad de nuestro siglo XX encontrará, sin duda, un material de primera mano, de singular interés, poco o nada considerado desde el punto de vista de la narrativa actual.
EL AUTOR Antonio Cruz Casado, (El Higueral de Iznájar, Córdoba, España,1951) Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. Licenciado en Filología Moderna por la Universidad de Córdoba (1971-1976, primera promoción). Catedrático de Lengua y Literatura Española en el IES Marqués de Comares, de Lucena, durante 33 años; número uno de su oposición a cátedras, turno libre (1978). Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Secretario del Instituto de Estudios Gongorinos de la Real Academia de Córdoba (desde 1991). Ha publicado más de doscientos cincuenta trabajos de investigación (artículos y libros) sobre temas de su especialidad, aparecidos en publicaciones científicas de España, Europa y América. Ha coordinado en Lucena diversos congresos nacionales e internacionales y varias jornadas y volúmenes monográficos de la Real Academia de Córdoba. Ha formado parte del equipo de coordinación de las Jornadas sobre el bandolerismo en Andalucía (1997 a 2006, diez ediciones, celebradas en Jauja, y nueve volúmenes de actas editados).
NOTAS
1 – Vid. referencias bibliográficas exactas en las solapas de La Estrella de la canción.
2 – En realidad, ambas estrellas siguen desarrollando su arte, con gran éxito, en los años 30, en la época de la República y posteriormente. También Malena Nile, es decir, Imperio Argentina, que adoptó este nombre artístico por sugerencia de Jacinto Benavente, rodó algunas películas en la Alemania nazi.
3 – Me indica Manuel Guerrero, a propósito de esta cita de Retana, que le fecha correcta es el año 1931, en el teatro Romea.
4 – Álvaro Retana, Historia del arte frívolo, Madrid, Tesoro, 1964, p. 244.
5 – Cfr., al respecto, José Luis Borau, dir., Diccionario del cine español, Madrid, Alianza, 1998, pp. 199-200.
6 – Luisa Carnés, “¿Cómo estudia usted a sus “personajes”?”, La Estampa, 11 de marzo de 1936, p 10.
7 – Manuel Guerrero Cabrera, La Estrella de la canción, Madrid, M.A.R. Editor, 2024, p. 65.
