
La novela Como bestias de Violaine Bérot es un relato que, con una prosa sobria y contundente, nos arrastra a los márgenes de la sociedad rural y a los dilemas morales más oscuros de la condición humana. A través de una narración coral, la autora francesa explora los límites de la empatía, la incomprensión y los prejuicios en torno a la diferencia, envolviendo al lector en un clima de tensión constante.
A pesar de su brevedad, Como bestias es una novela intensa y perturbadora. Es más, creo que el primer acierto que tiene esta novela es su extensión. En la brevedad de las 144 páginas, está su contundencia. Con un estilo austero pero poético, Violaine Bérot construye una historia que, más allá de su contexto rural, resuena con problemáticas universales como el miedo a lo desconocido, la intolerancia y la facilidad con la que una comunidad puede transformarse en un linchamiento.
La historia se desarrolla en una pequeña aldea de los Pirineos franceses, un lugar donde la vida parece regirse por la naturaleza y sus ciclos, pero también por los códigos no escritos de la comunidad. Una extraña calma chicha. En este espacio, un hombre conocido como el salvaje habita en soledad, apartado de los demás y en armonía con los animales. Lo conocen como «El Oso». Su figura evoca la imagen del hombre primitivo o del sabio ermitaño, alguien que ha decidido vivir al margen de la sociedad. Sin embargo, cuando una mujer le confía a su hijo pequeño para que lo cuide y lo críe, la aparente calma del pueblo se rompe y da lugar a una espiral de sospechas, rumores y violencia. Pueblo chico, infierno grande.
Bérot construye una atmósfera opresiva que recuerda a los relatos de terror psicológico, aunque aquí el miedo no proviene de lo sobrenatural, sino de la naturaleza humana. La autora juega con la idea de que lo que se aparta de la norma es rápidamente considerado una amenaza. A medida que la historia avanza, el lector es testigo de la progresiva transformación de la comunidad en una masa homogénea e intolerante, incapaz de aceptar lo diferente.
Uno de los aspectos más potentes de la novela es la manera en que la autora confronta la naturaleza animal del ser humano con la supuesta civilización. A lo largo del libro, se invierte la percepción común de lo que significa ser bestia, que está dicho desde el título: mientras el salvaje muestra una conexión pura y respetuosa con la naturaleza y el niño, los habitantes del pueblo se dejan llevar por instintos mucho más primitivos, como el miedo, la ira y el deseo de castigo.
Como dije, Bérot no necesita caer en lo explícito para transmitir el horror. Su escritura, precisa y poética, crea una sensación de inminente desastre sin recurrir a escenas explícitas, grotescas de una violencia excesiva. La tensión se construye a partir de los diálogos, las insinuaciones y la creciente hostilidad que se percibe en el pueblo. En este sentido, la autora demuestra una notable maestría para dosificar la información, dejando que sea el lector quien reconstruya los eventos y saque sus propias conclusiones.
Polifonía
Uno de los aspectos más interesantes de la novela es su estructura narrativa. Bérot opta por una narración coral en la que Múltiples voces relatan los acontecimientos desde diferentes perspectivas. Esta multiplicidad de puntos de vista enriquece la historia, permitiendo que el lector acceda a distintas versiones de los hechos y comprenda la complejidad de las relaciones humanas dentro de la comunidad.
Este recurso también refuerza la idea de que no hay una única verdad, sino múltiples interpretaciones de la realidad. Lo que para algunos es un acto de amor y cuidado, para otros es una aberración. Lo que para el salvaje es una vida en armonía con la naturaleza, para el pueblo es una amenaza al orden establecido. La fragmentación del relato no solo aporta dinamismo a la lectura, sino que también enfatiza la falta de una verdad absoluta en la historia.
El diseño de Como bestias deja una marca indeleble en el lector. Bérot no ofrece respuestas fáciles ni una resolución cerrada. En lugar de ello, plantea preguntas incómodas sobre la justicia, la moral y el miedo a lo desconocido. ¿Hasta qué punto la sociedad está dispuesta a aceptar lo diferente? ¿Quién es realmente la bestia en esta historia? ¿Es posible la redención cuando el juicio de la mayoría ya ha sido dictado?
La ambigüedad del final refuerza la sensación de impotencia y fatalidad que atraviesa toda la novela. La autora nos deja con una inquietud persistente, obligándonos a reflexionar sobre la naturaleza humana y el peligro de los juicios precipitados.

LA AUTORA Violaine Bérot (Francia, 1967), se desplazó de un entorno urbano, donde ejercía como informática, hasta los Pirineos, en donde se dedicó a la cría de cabras durante años. Desde su debut literario a mediados de los noventa con la novela Jehanne, Bérot ha escrito una decena de libros.
