Una aclaración que no creí que debía hacer. Pero si.Es que cuando subí a Facebook el relato que sigue se armó tal batahola que advierto a todos que no soy el historiador del vino, ni lo pretendo, ni tampoco soy sommelier. Simplemente un ser humano mas que de vez en cuando toma algún vino u otra bebida y que si le gustan trata de avisarle a todos los que pueda. Nada mas que eso. Lo mismo pasa con algunas cosas que preparo en la cocina, las que me parece que quedaron bien y entonces lo comparto. Solo eso, ni son inforcomerciales ni cosa parecida, como se le puede ocurrir a cualquier imbécil.No me ocupo de ese tipo de comunicación ni nunca lo hecho, hasta el día del hoy. Les cuento además que hace un tiempo lo prometí a Jaime Clara escribir un articulo sobre la preparación de la comida mas pobre o barata del mundo. Cuando le hice la promesa el repollo, que es el protagonista, estaba a 80 y en una semana subió a 140 (de barato nada). Ahora está bajando y cumpliré con mi promesa. Por ahora le envio este relato, con el que solo pretendí avisar que hay uno vino que no digo que sea bueno, sino que a mi me gusto mucho y me pareció muy bueno.

Al señor Pascual Harriague se le atribuye ser quien introdujo la vid, en el Uruguay. Una especie de Hernandarias de las uvas. Eso sí se le ocurrió la variedad tannat (serían las cepas más baratas, quizás, o las que estaban más cerca de su casa).
Por lo que recuerdo, de chico, esto es hace algo más de 75 años, en mi pueblo el vino que se conocía era el frutilla o harriague que era una misma cosa, creo. (Estaba equivocado el frutilla era con uva brasileñas, me dicen) Algo que me llamaba la atención era que el vino se tomaba cortado con Limol (gaseosa dulce alimonada). Dependía la relación si era a nivel familiar o en el propio mostrador del boliche. Pocos lo tomaban puro. Hasta los guapos más machos, los albañiles, esquiladores, peones de campo, lo tomaban cortado.
Aprendí con el tiempo que era lo única forma de conciliar con una bebida que desde el olfato te producía acidez – ardentía se le llamaba- y que tras beberlo el dolor de cabeza era seguro y ni te digo la resaca.
Ha pasado un siglo y medio y el esfuerzo de bodegas, enólogos, viticultores ha dado sus resultados y han logrado dominar aquellas cepas con taninos salvajes (de las harriague hablo), le han llegado al corazón y han catapultado su nobleza.
Entre esa gente está la Ingeniera Agrónoma Enóloga Estela de Frutos, quien es bien conocida aquí y también en el exterior – mucho más de lo que se cree, como pasa con Mujica- y cuyo curriculum no lo tengo ni lo voy a buscar.
Cito a de Frutos porque el vino sobre el cual quiero compartir con Uds. es de su creación y su afán y su capacidad: Jano-Tannat-2020. En esta materia resulta mas que cómodo, y justo, resaltar la tarea de esta enóloga compatriota, una especie del Dulcinea (por el Quijote y para que no me acusen de nada) del vino uruguayo.

De Frutos ha tratado de recuperar aquellas primeras uvas y la de Jano son de un viñedo con plantas de mas de medio siglo. Quiere recuperar el alma de las uvas de Harriague de 1874.
Este Jano 2020 es un vino seco pero no amargo con un amigable dulzor en punta de lengua. Es un vino firme, bien plantado, ni denso ni aterciopelado ni astringente; bien centrado. Taninos suaves, presentes si pero con educación: nada de agresividades. Todo lo contrario. Facil y agradable de beber y se amiga bien con todo ( queso colonia y semiduro, paté de cerdo, unos sorrentinos con relleno abundante y potente de puerros y gallina, alitas de pollo bien adobadas), salvo con aquello con lo que no debe.
Lo compartí con un queridísimo amigo panameño que vino a almorzar a casa. Periodista , fundador de La Prensa, que en su momento llego a ser el mayor diario de Panamá y Centroamérica, empresario de éxito y flamante Embajador de Panama en Buenos Aires. Mi amigo, Juan Luis Correa se llama, ha tomado muchos vinos, de los muy buenos y muy caros, es un buen bebedor, le gusta comer bien, fuma habanos cubanos y … todo aquello que cómodamente lo harán merecedor del infierno; como se debe. Juan Luis trajo una botella de vino la que de acuerdo con cierto protocolo había que abrir. Ni la saque de la bolsa. Yo ya había abierto el Jano y le pedí que lo probara.Le encanto. Se tomo tres cuartos de botella y eso que me dijo que estaba tomando antibióticos y no debía ingerir alcohol. Lo que me repitió tras el almuerzo mientras bebía una, en realidad dos copas del ron guatemalteco Zacapa -Centenario, el cual también recomiendo muy especialmente.
Ambos coincidimos en que hablamos bebido muy bien: el ron dulzón de aquellos pagos y el vino tannat uruguayo elaborado con el toque de Estela de Frutos.
Bien por ella.
EL AUTOR Danilo Arbilla (Casupá, Florida, 1943) periodista uruguayo. Fue presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa y r del Semanario Búsqueda. Trabajó como periodista y columnista en medios uruguayos y extranjeros. Esta es su primera nota para delicatessen.uy/.
