
Carolina Cynovich (Montevideo,1991). Estudió comunicación audiovisual. Bibliófila. Gusta de tocar el ukelele mientras todos duermen y de saludar perros vagabundos por la calle.Publicó El hombre que da cuerda al mundo (2014) por el Premio Sigmar-Mosca de literatura infantil-juvenil. Hace una década ganó el premio Gutenberg con El síndrome de las ciudades hermosas, que acaba de ser reeditado.
Un sabor de la infancia
Guisito de arroz de mi abuela.
Una manía confesable
Me fijo si tengo todo lo necesario antes de salir a la calle. Y después me fijo de nuevo. Igual me olvido de cosas o llevo de más.
Un amuleto
Si tuviera no lo diría.
El último libro que leí
Ahora estoy con una recopilación de baladas medievales suecas.
Una película que me marcó
Las nieblas de Ávalon, en los 2000s.
Algo que evito
Intento no tomar decisiones cuando estoy apurada.
Si pudiera volver a empezar sería
¿Volver a empezar desde antes de nacer? Entonces nacería sirena.
Un lugar para vivir
Donde existan un jardín y libros.
Un lugar para volver
El océano. Y Andalucía.
Una materia pendiente
Probar tocar el bodhran. Ser una sirena.
Un acontecimiento que cambió mi vida
Me lo guardo.
El escritor definitivo
No tengo definitivos.
Algo que jamás usaría
Picante para las comidas.
La última vez que pensé “tierra, trágame”
Hace años la autora de fantasía V.E. Schwab vino a Uruguay y me la crucé de casualidad. Me acerqué y le dije algo como: “Verónica, Verónica, hola, leí una de tus series”, y ella me miró un poco raro, porque resulta que se llama Victoria. Me quedó como un recuerdo gracioso.
El lugar más feo del mundo
Alguno que nos encuentre desconectados de nosotros mismos.
Una rutina placentera
Prestar atención a los pájaros. Andar en bici. Leer un poema que me gusta por vez mil.
Me aburre
Esperar a que se seque mi ropa favorita para poder usarla, pero no queda otra.
Una extravagancia gastronómica que frecuento
Me hago unas galletitas de vainilla que no son extravagantes pero sí muy frecuentes.
Una canción que aún me conmueve
A los ocho años escuché The Highwayman de Loreena Mckennitt y todavía recuerdo la sensación. Sus canciones hace más de veinte años que me siguen conmoviendo igual.
Un restaurante que nunca falla
La comida casera.
Algo que cambiaría si pudiera
Que cada cuatro cuadras exista algo así como media manzana de parque arbolado y huertas.
El valor humano que más admiro
Bondad y sencillez del corazón.
Una última palabra
Gracias.
