
“Antes del atardecer” se estrenó hace veinte años, es el segundo capítulo de la saga del director Richard Linklater que ya había atrapado con el primero (“Antes del amanecer”), presentado en 1995.
El parque del Prater y las calles de Viena son los escenarios de los diálogos entre Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) en la primera película, que concluye con una promesa compartida entre aquel estudiante de literatura estadounidense y la turista francesa: reencuentro en seis meses. Pero pasaron nueve años y la vida se los llevó por otros rumbos.
Esta segunda parte transcurre en París y Linklater comentó que “reencontrarnos allí con Ethan y Julie fue magia pura”. La película –intimista, sentimental, reflexiva- nada tiene que ver con la parafernalia de las superproducciones. Sin embargo, cautivó a una generación, obligando a la que será, probablemente, la última entrega, “Antes del anochecer”, ambientada en las costas de Grecia durante 2013.
El amor, el sexo, la religión o el estado del mundo podían ser tópiocos del intercambio de opiniones de dos jóvenes en aquel primer encuentro en un tren que venía de Budapest. Los protagonistas se perdían por aquellos rincones de Viena, con un trasfondo sentimental, que crece en el reencuentro. Tanto en esta saga como en la que constituye otra de sus mejores películas (“Boyhood”), sobrevuela sobre Linklater aquel deseo (imposible) de vencer al tiempo.
¿Un romántico o un cínico?
Los Juegos Olímpicos, listos para el despegue, constituyen por estos días otra oportunidad de disfrutar una de las ciudades más fascinantes del mundo, con una oferta histórica y cultural: París. Y entre tanta oferta, los visitantes dispongan de un tiempo de apreciar los rincones que Linklater y su staff eligieron como locaciones para la segunda etapa de la saga.
La película comienza en la librería Shakespeare and Co., allí donde Jesse presenta su novela “This time” y se pregunta: “¿eres un romántico o un cínico?”. Hasta que levanta la vista y –nueve años después del adiós en Viena- descubre a Céline.
Se trata de una librería tradicional, a pasos de Notre Dame. Fue fundada hace más de un siglo por Sylvia Beach, la primera editora del “Ulises” de Joyce y se especializó en literatura anglosajona. Esa librería se convirtió en el sitio de paso obligado para personajes de aquel tiempo como el propio Joyce, Scott Fitzgerald, Hemingway o Gertrude Stein, los mismos que retrata Woody Allen en su maravillosa “Medianoche en París”.
La caminata y los diálogos entre Jesse y Céline transcurren por las calles de otro barrio tradicional, Le Marais, atraviesan el Sena y los parques, hasta desembocar en el departamento de la protagonista, en una de las calles más antiguas de la Ciudad Luz: Cour de L’Etoile d’Or. Casi todo filmado en un refinado plano secuencia.
El último vals
El final “Antes del atardecer” está a la altura de su calidad. O aún más. “Vas a perder el avión”, le dice Céline. “Lo sé”, responde Jesse. Y la chica se da el gusto de colocar y bailar “Just in time”, un inolvidable tema de Nina Simone, una de cuyas líneas indica: “Ahora estás aquí y sé hacia dónde ir”. A esa altura, con todo dicho, el planteo es el mismo del principio: ¿un romántico o un cínico?
“Hay historias, relatos de amor que definen a determinadas generaciones. Como en su momento Un hombre y una mujer (1966), la saga de Antes… lo hace con sus personajes verborrágicos, intelectuales, pasionales e inseguros a muchos de los que los vienen siguiendo (…) Jesse y Céline son gente como uno. Que los amantes sean eternos”, escribió Pablo Scholz en Clarín.
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