Una fiesta gastronómica que cumple treinta años | Jaime Clara

Muchos de los vecinos que se escandalizaron por la combinación de colores, ingredientes y sabores, se negaron, al principio a probar los deliciosos platos, creyendo que se estaban frente a un menú satánico, porque el disfrute de esas comidas, los condenarían al infierno, como si se tratara de los peores pecados. Pero -siempre hay un pero- una vez sentados a la mesa y tras dar unos pocos bocados a aquellos platos, descubrieron que eran vulnerables al placer y el buen gusto.