El hombre que jugaba a contar historias | Jaime Clara

En Minas, capital del departamento de Lavalleja, el último día de noviembre de 1931 nació un hombre que sería una figura clave del periodismo deportivo el continente. Su nombre, por su apellido francés, sonaba grandilocuente, difícil de pronunciar, sin embargo, se transformó en uno de los apodos más famosos de mundo del fútbol. Su nombre Emilio Lafferranderie, pero desde que su padre, siendo un niño, lo llamaba “viejo”,  él repetía

Dos anécdotas reales | Jaime Clara

Siempre aparecen las leyendas urbanas. Esos relatos del llamado folclore contemporáneo que mezclan ficción y realidad, datos pocas veces comprobables, pero que mucha gente dice haber sido testigo o haber conocido a alguien que se lo comentó por ser testigo directo. Hechos inverosímiles presentados como verdaderos y de muy difícil verificación. Hay dos relatos, que ya forman parte de ese universo imposible que involucra a dos monarcas europeos. -I- Corría

Entrevistas imposibles: Zinedine Zidane en el Centenario | Hebert Abimorad

Corre el año 2030, el Estadio Centenario está repleto, se juega el primer partido del Mundial. Los equipos están en la cancha, en el círculo central del campo; una figura conocida se apresta a dar el puntapié inicial, es el legendario Zinedine Yazid Zidane. Con sus 58 años es recordado como el mejor jugador de todos los tiempos y le rinden homenaje a los 100 años del primer mundial. Lo

Una vida excepcional | Julio César Puppo «El Hachero»

Se cambió la gorra grasienta y las alpargatas destripadas por el capelo clarete que le hacía sombra sobre los ojos y las botitas de charol que iluminaban todavía más, aquellos pies privilegiados. Y lo bailaron las francesitas y lo acercaron a su corazón. Era el tango, era. Reo, compadre, varón y cruel.

El fútbol y yo | Alva Sueiras

Siendo niños mi hermano reunía aquellas estampitas de los jugadores de la liga que intercambiaba con sus secuaces en el patio del colegio. Como buena hermana menor mi lema en la vida se resumía en la frase “culo veo, culo quiero”, y a fuerza de pataleta conseguí que mi madre también comprara estampitas para mi “colección”. Por algún misterio de la naturaleza, mi repertorio siempre se reducía a una triste y única figurita mientras que mi hermano acumulaba un fajo al más puro estilo Rockefeller.

Silencio en las gradas | Joaquín DHoldán

Pero algo había cambiado. La grada estaba sumergida en un inquietante silencio. El veterano guardameta miraba a la gente y trataba de entender su desconcertante actitud, su falta de pasión. Entonces la vio. La chica era muy joven, una adolescente, pero tenía algo adulto en el rostro, pensó por un instante que quizás era su belleza la que había enmudecido al pequeño grupo de aficionados.