Ellas, Kafka | Joaquín DHoldán

Kafka, un tipo de un metro ochenta y pico, flaco y vital, solía andar en moto, tuvo muchas novias, le encantaba escribir al punto de, como cuenta Paul Auster en Brooklyn follies, hacerse pasar por la muñeca de una niña y enviarle a la misma cartas para convencerla que no se había extraviado sino que estaba de viaje.

Sin herida no hay poesía ni arte | Osvaldo Quiroga

La actual es una sociedad que niega la muerte y hace una apología de la eterna juventud. Lo que no es suave, liso y agradable a los ojos produce inquietud y resquemor. En el mundo del “me gusta” no se admiten ni fisuras ni grietas. El arte se ocupa de expresar lo contrario.

Circo

Un artista del hambre | Franz Kafka

Volvieron a pasar muchos días, pero llegó uno en que también aquello tuvo su fin. Cierta vez, un inspector se fijó en la jaula y preguntó a los criados por qué dejaban sin aprovechar aquella jaula tan utilizable que sólo contenía un podrido montón de paja. Todos lo ignoraban, hasta que, por fin, uno, al ver la tablilla del número de días, se acordó del ayunador. Removieron con horcas la paja, y en medio de ella hallaron al ayunador.