A propósito del carnaval | Enrique Jardiel Poncela

La vida, como los roscones de Reyes, siempre nos guarda una sorpresa. Es lo común que los cronistas y los cuentistas vean con angustia terrible la llegada del Carnaval. La cosa se explica más fácilmente que un drama de Araquistain. Porque esos tres días de estupidez convulsiva que se conocen con el nombre de Carnavales, y en los cuales divertirse es obligatorio como el servicio militar, parecen hechos exclusivamente para