Evito los velorios | Alberto «Coco» Rivero

Alberto «Coco» Rivero (Montevideo, 1968) es actor, director, docente, dramaturgo y murguista. Egresado de la Escuela de Arte Dramático. Realizó cursos de perfeccionamiento en el Conservatorio Superior de Arte Dramático de París, en el CTO de París, en la Escuela Nacional de Circo Fratellini de París y en el Theatre du Soleil, y con reconocidos directores nacionales e internacionales como Ariane Mnouschkine, Philipe Arien, Nelly Goitiño, Augusto Boal, Luis Cerminara, Alexander Stillmark entre otros. Fue coordinador del Programa para las Artes Escénicas ¡A ESCENA! De la Dirección de Cultura del MEC hasta el año 2008. Es docente de la cátedra Arte Escénico de la Escuela Municipal de Arte Dramático desde el 2007. Como actor, participó en más de sesenta espectáculos teatrales y musicales, realizando importantes papeles. A partir de 1996 se dedica a la docencia e investigación, generando varios espacios de búsqueda expresiva a partir de la formación de actores, dictando talleres en el Uruguay y el exterior. De manera paralela a su actividad teatral, interviene desde 1994 en el Carnaval uruguayo como actor, libretista, iluminador y director, siendo premiado en 1995, 1998, 2001, 2003, 2008 y 2010. Ha trabajado en conjuntos como Agarrate Catalina, Falta y Resto, Contrafarsa, Acontramano y Tronar de tambores entre otros. Los viernes de octubre se presenta en la sala de AGADU con la obra Temprada Amarilla. Ha ganado doce premios Florencio y un Premio Iris de Bronce por su dirección de Arturo Ui.

Un sabor de la infancia
Las milanesas con ensalada rusa que hacia mi madre para la Navidad, y el pesto que hacía mi abuelo.

Una manía confesable
La forma en que doblo la ropa.

Un amuleto
Ninguno.

El último libro que leí
Para qué sirve la filosofía de Dario Sztajnszrajber.

Una película que me marcó
Escape en tren de Andrei Konchalovski y Rashomon de Kurosawa.

Algo que evito
Los velorios.

Si pudiera volver a empezar sería
Jugador de fútbol, músico y mochilero.

Un lugar para vivir
Punta del diablo o Madrid.

Un lugar para volver
Haifa y Berna.

Una materia pendiente
Hacer el curso de DT de fútbol.

Un acontecimiento que cambió mi vida
La muerte de mi abuelo. El nacimiento de mi primer hijo Bruno. El cáncer.

El escritor definitivo
William Shakespeare. Pero solo para jugar el juego que propone el cuestionario.

Algo que jamás usaría
Zunga.

La última vez que pensé “tierra, trágame”
Se nota en esta respuesta que perdí la vergüenza (intuyo que son los años) pero no recuerdo.

El lugar más feo del mundo
Por suerte por ahora no lo conozco.

Una rutina placentera
Preparar el mate. Bañarse por la mañana. Despertar a mis hijos.

Me aburre
Nada me aburre. Aprendí en mi infancia, gracias a mi abuelo, que en el momento mismo que se avecina el aburrimiento (nos damos cuenta de ese momento) hay que hacer algo que modifique la situación inmediatamente. O aprender a aburrirse solo y no joder a los demás. Pero los políticos y sus juegos me aburren bastante

Una extravagancia gastronómica que frecuento
No frecuento ninguna extravagancia gastronómica. Me gusta comer muy variado y preferentemente sabroso. No podría decir que es una extravagancia disfrutar mucho de la comida típica judía y armenia.

Una canción que aún me conmueve
María Elena de Fernando Cabrera.

Un restaurante que nunca falla
Salmuera y Patio del naranjo.

Algo que cambiaría si pudiera
La idea fuertemente instalada en la sociedad de que el otro es culpable hasta que demuestre que es inocente. Peligrosa forma de sentir y pensar.

El valor humano que más admiro
La empatía, la pasión y la franqueza.

Una última palabra
Silencio.