Dos orientales en Bristol (II) | Joaquín DHoldan

En fin, que en cuanto vi la estética de la ciudad entendí su elección. Mi hijo tiene tatuajes, caravanas y el pelo de colores desde hace tiempo y allí era uno más. Incluso las señoras mayores que uno se cruza rumbo a la feria suelen tener el pelo azul, violeta, rosado o naranja, dejando atrás aquello de peinar canas. Una ciudad llena de rock. Llegué y me dijo “tengo seleccionado los sitios a los que llevarte”.