Buñuelos de algas | Marcia Collazo

Pero en verano, cuando nos trasladábamos de la chacra a la casa de Las Flores, el orden montaraz se transformaba y cada objeto se tornaba marino. Mi padre arrastraba al mar su canoa, a la que había bautizado La naranja mecánica, y acto seguido metía a sus cuatro hijos dentro. Y así, remando, se acercaba a las rocas, se arrojaba a las aguas como un profeta bíblico y retornaba con una bolsa llena de mejillones.