Cartas con grabaciones | Antonio Pippo

Pero siempre, en la vida de la gente sencilla, ocurren pequeños milagros. Pobres, pero milagros al fin. Mi madre tenía una hermosa voz y el dueño de la radio, enterado por un amigo de mi abuelo, le ofreció trabajo como locutora y un sitio para vivir hasta que las cosas mejoraran: una de las piezas de arriba, que tenía baño propio, viejísimo, pero, increíblemente para mi imaginación infantil, con una enorme bañera, su única riqueza.