El quilombo | Antonio Pippo

Todos habían ido menos él. ¡Ya tenía quince años! Y entre los muchachos de la barra ya se entrecruzaban miradas de desconfianza, de a poco más insistentes, que inevitablemente convergían en su pequeña y desgarbada figura de precoz Quijote fracasado. Es que aquella vieja casa suburbana, algo escondida en un bajo barroso rodeado de transparentes, era el inexorable desafío de la adolescencia pueblerina, de los chiquilines que se preciaran.