El toro más viejo y grande del mundo se va de tapas | Alva Sueiras

Recordar la España de mi infancia es recordar sus paisajes. Los viajes en auto siendo niños, con el escay del asiento pegado a nuestras piernas desnudas y las ventanillas abiertas para mitigar el calor de una época en la que el aire acondicionado era un espejismo insospechado. Recorrer el país de sur a norte era una tradición veraniega familiar. Transitar las fluctuaciones del paisaje entre provincias nos permitía tener una visión más nítida de la variedad de realidades contenidas en un solo país.