José María Eça de Queirós

Memorias de una horca | José María Eça de Queirós

De un modo sobrenatural llegó a mí la noticia de la existencia de este papel, donde una pobre horca podrida y negra relataba algunas cosas de su historia. Esta horca procuraba escribir sus trágicas Memorias. Debían ser profundos testimonios sobre la vida. Como árbol, nadie conocía tan bien el misterio de la Naturaleza; como horca, nadie conocía mejor al hombre. Nadie puede ser tan espontáneo y genuino como el hombre

el niño perdido thomas wolfe

La grandeza de la escritura reside en la sencillez | Inés López Volpe

Thomas Wolfe nació el 3 de octubre de 1900 en Asheville (Carolina del Norte) y falleció de una tuberculosis cerebral el 15 de septiembre de 1938. Era el menor de ocho hermanos. Cursó sus estudios en la Universidad de Carolina del Norte en CHapel Hill y fue miembro de la sociedad dialéctica y de la fraternidad Pi Kappa Pi. Hizo dramaturgia bajo la dirección de Baker con quien produjo en 1923 “Bienvenido

panadero flor

Una visita inesperada | Jaime Clara

Canciones sobre pestes, filósofos, historiadores, pitonisas, curas y curanderos, tarotistas, psicólogos de primera y de cuarta, hablan del tema. Estamos tapados de números, de estadísticas y proyecciones. Los técnicos se pelean a ver quién hace el mejor cálculo, mientras la gente se enferma

El capote

El Capote, de Nikolái Gógol | Inés López Volpe

Gógol nos muestra lo patético de una forma casi insuperable con este personaje que va a ser influyente en Kafka con Gregorio Samsa y Herman Melville con Bartleby. Lo común de estos personajes es que nos hacen sentir empatía con su figura de perdedores, de inadaptados, hombres totalmente insignificantes.

JohnKennedyToole

La conjura de los necios, el éxito del fracaso | Jaime Clara

Tras once años de peregrinar, un editor se sorprendió al encontrar una excelente y divertida novela. Tras la publicación en 1980, el éxito fue inmediato: ganó el Premio Pulitzer y se convirtió en el gran libro del año, en Estados Unidos y en Europa

Gordito

El gordito sentado junto al pasto | Joaquín DHoldán

Ese recuerdo inmediato me hizo sonreír. Y mientras lo hacía, tan distraído estaba, que cuando lo maestra repartió lo roles para el festival de la primavera noté tardíamente que yo no era el príncipe, ni el rey, ni el ayudante del príncipe, ni el paje del rey, ni soldado, …ni pueblo….ni pajarito, por supuesto no hubiera aceptado ser princesa o flor. Se preguntarán que papel hacía: era el pasto. El gordo Martínez y yo íbamos a estar toda la actuación sentados en el borde del escenario sosteniendo entre nosotros una franja de tela verde, vestidos de ese color y con gorros de flecos, también verdes, que nos tapaban la cara.

Sarandy Cabrera, un removedor ignorado | Jaime Clara

Hugo García Robles escribió que “para un adolescente que lo conoció en sus primeros poemas, es inexcusable confesar que Sarandy fue una sabia influencia, arisca y avasallante, que a veces desde un humor ácido, burlándose de Nuñez de Arce en paródicos recitados o poniendo sobre la mesa los poemas de Antonio Machado o Pessoa, era capaz de sacudir y desencadenar en su joven interlocutor de entonces, un interés y un rigor por el arte.

Medias verdades | Jaime Clara

Medias verdades retoma un estilo que se va haciendo inconfundible en Jaime Clara. Comenzó a conocerse en su primer libro de cuentos y regresa aquí con escenarios y personajes muy diversos. Estas medias verdades mueven sentimientos de un modo sutil, provocan expectativa y nos hacen imaginar un desenlace que luego se resolverá de un modo impensable.

Una emoción | Antonio Pippo

Un historiador josefino, bohemio, noctámbulo, entrañable, fino gustador del tango y del buen whisky, había subido a su muro un video del año 1993 –casero, pero prolijo, hecho por un coterráneo- rescatando una veintena de minutos en el escenario de un señorial club, donde aparecen dos cariños, dos fuertes, apretados afectos que abrazaron mi niñez y mi adolescencia.

De pesca | Gabriel Sosa

Cada año pasábamos enero en la casa de la playa. Y cada mañana, y a veces de mañana y de tarde, tenía que acarrear la caña y el tarro plástico de pintura (sin pintura, claro) que componían mis arreos de pesca. Anzuelos, plomadas, carnada y demás iban en una desvencijada caja de herramientas plástica, que llevaba papá. Los días en que llovía estaba exento del servicio pesquero, pero eso no impedía largas conversaciones acerca del mar revuelto, la dirección del viento y la posible presencia de bancos de corvinas.

Una de arroz, dos de agua | Fabián Severo

Veo mi madre arrecostada en la mesada, con todo picadito, para impezar la nube de los olor. Cuando ella fritaba cebolla, parecía que la agua del lluvero istaba caindo en el suelo de la cocina. Una cebolla, medio morrón, un diente de ajo… A principio de mes, el guiso era con chuleta de oveja pero cuando la cosa se ponía ruim, mi padre traía una bolsa de carne picada congelada del Brasil.

Hambre | Federico Ivanier

Siguió comiendo aunque quería parar. Porque su mente se hastiaba mucho antes que su cuerpo. Solo que no era el cerebro quien mandaba en esos momentos. Era el hambre. El hambre que él odiaba tanto. Cuando terminó, se sintió renovado, vital y asqueado. Antes de darse cuenta, lloraba porque odiaba matar. Odiaba matar, aunque para comer siempre hay que matar.

Buchanan’s sin hielo | Juan Carlos Mondragón

En el principio fue la historieta gráfica de género medieval aproximativo, con monjes libidinosos tentados por la carne virginal y templarios poseídos por criaturas diabólicas, brujas de Sabat orgiástico y excomulgados fanáticos, tortura y confesiones, muertos vivientes y exorcistas erotizados, que obtuvo un éxito relativo para lo que son las actuales exigencias del medio y el mercado.

El postre más rico del mundo | Carlos Liscano

Si no tienen nada, por lo menos que se alimenten. Solidaridad silenciosa. De la misma comida comían los soldados que estaban de guardia en la Isla. Por un sentido extraño del humor, con frecuencia a los soldados se les olvidaba servirnos la sopa. Se servían ellos y luego devolvían la marmita casi llena a la cocina. También se les olvidaba, siempre, darnos el postre, una manzana, una naranja, un trocito de dulce de membrillo.

Milhojas | Pablo Silva Olazábal

Ramona piensa que Doña Norma no es buena, pero ¿qué quiere decir con eso de que no es trigo limpio? No, Ramona, se lo tengo que dejar claro la próxima vez, no es bueno acusar a la gente por detrás. Tendrá sus cosas, sí, siempre fue un poco especial, algo histérica decía mamá, y bastante chusma agrego yo pero es una buena vecina, que está cuando se la precisa, que es lo que hace la gente de bien. Bueno, tá, no nos vamos a poner de acuerdo, no quiero discutir.

La nieve evidente | Álvaro Ojeda

Mi padre trabajaba en Aliverti, tienda con publicidad ripiosa, reiterativa: ¡¡¡en 18 y Pablo de María, Aliverti liquida, y cuando Aliverti liquida, hay que comprar enseguida!!!. Mi padre almorzaba en casa, mi madre manejaba el presupuesto y nos criaba, cuidaba, ayudaba: la omnipresencia matriarcal pre capitalista, no había casi madres en el mercado laboral, fuera de casa. Ganancias, pérdidas.

A partir de El amor en los tiempos de cólera | Jorge Bafico

Todas las historias de amor tienen en el comienzo, un instante, un flechazo. El semiólogo francés Roland Barthes dice que hay un rapto en el amor, un momento donde el individuo es raptado por el otro en el momento del encuentro. Los psicoanalistas lacanianos también lo conocen como agalma. El rapto, el agalma, el sentimiento amoroso, aparece como un parpadeo, en una escena que parece mínima.

Bodegón con almendras | Claudia Amengual

Junto a la entrada, a la derecha, irían las sandías de Emilio Longoni, su compatriota. Intentó reproducir la composición en su mente: dos sandías enteras en un extremo; tres sandías por la mitad, en segundo plano; varias tajadas en primero. Sobre la mesa, el detalle de los jugos y ese brillo logrado con toques de blanco que daba a las frutas un delicioso realismo.

Ambrosía para Garibaldi | Maritza Vieytes

Para prepararlo es necesario poner a fuego lento una mezcla de leche con azúcar, al romper el hervor se incorporan, en cantidad abundante, yemas de huevo y claras batidas por separado, saborizándose con ralladura de limón. La mezcla se revuelve a fuego vivo hasta que aparece en la superficie un almíbar verde, y solo entonces el preparado se vuelca en una budinera untada con manteca y se hornea.

Un grato descubrimiento literario | Jaime Clara

Me tiré sin red, sin información previa, a su lectura, solo con la recomendación del amigo. De pronto, como quien no quiere la cosa, me encontré metido en una historia relatada con una sencillez propia de la literatura norteamericana. Sin adjetivos, sin grandes reflexiones, simplemente contando la vida de un joven- William Stoner- hijo de granjeros, cuyo futuro estaba predestinado a no traspasar los límites de la portera de la granja.

El show de José Fin | Leo Maslíah

Fin permaneció quieto en la parada de llegada, recostado contra ninguna pared. Sacó su paquete de cigarrillos y sacó un cigarrillo del paquete. Sacó el tabaco del cigarrillo y comprendió que no tenía herramientas como para seguir. Trató de juntar en la vereda todo el tabaco que había tirado, para volver a armar el cigarrillo, pero un viento hijo de puta no se lo permitió. Entonces fue al médico.

Liverpool | Luis Fernando Iglesias

El nueve de diciembre de 1980, mi madre entró a mi dormitorio como todas las mañanas. Sin decir nada, dejó el diario junto a la bandeja con un té con leche y un pedazo de torta mármol, su especialidad. Siempre fui malcriado. Desayunar en la cama era uno de mis privilegios. Miré la primera plana: “Asesinaron al beatle John Lennon”. Tiré el diario contra la pared, aparté la bandeja y apagué la luz. Quise mezclar la noticia con algún sueño para transformar todo en irreal.

Murmullo | Carolina Bello

Un día desperté con el pelo enredado en una maraña rosada y esponjosa. Era rico mi pelo. Azucarado. Punto a favor a la hora de conquistas. Crecí en la trastienda de un puestito de algodón de azúcar. Todavía escucho la máquina. Mi madre nunca me develó el secreto, pero sus copos eran los más grandes y la competencia se había fugado lejos, por lo menos a la siguiente cuadra. Nuestro puesto tenía el privilegio de estar a un paso de la rueda gigante.