La otra orilla I | Alva Sueiras

Dejándome conducir por las revueltas de la memoria, fui a acampar en la tibiez de una noche de verano, años ha. Apoyados los codos sobre un pretil de la Alcazaba, con la mirada absorta en el trozo de tierra que asoma al otro lado. Las luces, que se movían ágilmente, adivinaban un sorteo de autos. ¿A dónde irían? y ¿de dónde vendrían? Siempre quise cruzar ese estrecho trozo de mar. Pero no fue hasta hace unos años, que los vientos soplaron a mi favor y al fin, pude hacer mi preciada, pequeña y primera incursión en continente africano.