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El humanista Freddie Mercury | Marcelo Marchese

Un hombre es todo lo que se anime a ser, un hombre es todo lo que se anime a hacer a pesar de la losa ideológica de su tiempo. Los proverbios, esos restos de filosofías antiguas, han sobrevivido por su riqueza, por la variedad de usos e interpretaciones a que se prestan, como el proverbio que dice “zapatero a tus zapatos”.

Huei-neng, un sabio analfabeto

Huei-neng, un sabio analfabeto | Marcelo Marchese

Huei-neng cortaba leña cuando escuchó recitar el Sutra del Diamante y entonces, de súbito, alcanzó la revelación. Supo que el hombre que recitó el Sutra del Diamante habitaba en el monasterio del quinto patriarca y decidió pedir asilo. Allí se le asignó la tarea de moler arroz. Un día, el quinto patriarca, preocupado por encontrar un sucesor, pidió a sus discípulos que escribieran un poema donde mostraran su comprensión del chan.

“Llegará el día que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde” (Una apología del placer) | Marcelo Marchese

Pero dejemos al vino reposar, un aspecto fundamental en el arte del vino y vayamos a uno de sus mejores amigos, el pescado y aquí, lector amigo, en verdad le digo, siento compasión por usted y por mí mismo, cada vez que acudimos al mercado para encontrarnos con una pálida sombra proyectada sobre un espejo empañado, de aquel manjar de los dioses que uno degusta, luego de haber pescado y fileteado inmediatamente su presa.

Historia de la pizza en Uruguay | Marcelo Marchese

Uno debe suponer que la pizza entró a los hogares de Montevideo bastante más temprano que a los hogares de tierra adentro, pues un amigo que nació en un campo en Treinta y Tres, recuerda el día en que su abuela a principios de los ochenta consiguió la receta y elaboró un plato que el abuelo se negó en redondo a degustar, pues “eso no es comida”.

Apología de la carne (somos lo que comemos) | Marcelo Marchese

Sin dudas, la vaca y el cochino sufren cuando le aplicamos un marronazo en la frente o le abrimos el cuello con un cuchillo afilado. Lo que los vegetarianos olvidan es que la pobre lechuga y el triste tomate también sufren cuando son brutalmente arrancadas de la tierra o de su planta. Los vegetarianos no lo advierten porque su empatía es de tipo egocéntrica, es decir, sólo se conmueven cuando sufre algo que se les parece, algo con sangre, ojos y movimiento.