Los limones del mundo | Jaime Clara

Hay muchos motivos para comprar un libro. Puede ser que uno siga especialmente al autor, o al género, ya sea ensayo, narrativa, poesía, ensayo, autoayuda o lo que sea. La tapa, la propuesta gráfica, suele, muchas veces, enganchar a un lector que atiende especialmente a cómo se presenta la carátula, o a veces, los comentarios de la contratapa. En otras oportunidades, quizás porque nos enteramos de un libro, al leer una crítica, una reseña, una entrevista, o quizás una recomendación de otra persona, el famoso boca a boca. Pero, también cuenta, la mera intuición, es decir, suponer que un libro que se cruza, puede ser de interés, aún ignorando el contenido. Ese factor sorpresa, puede defraudar, como también puede ser beneficioso. Esta última opción, es lo que me sucedió con el libro del que les quiero contar.

Se trata de “El país donde florece el limonero. La historia de Italia y sus cítricos”, escrito por una mujer, para mi, desconocida, Helena Attlee (1958). Se trata de una inglesa, enamorada de Italia, experta en jardines. En este trabajo, tomando como pretexto la historia y los movimientos de los cítricos en la península, para terminar contando la historia de Europa.

La periodista española Irene Mendoza, escribió sobre Attlee que “ha pasado muchos años buscando información, como se deja apreciar en la selección bibliográfica que nos muestra en notas, así como las descripciones que aporta. Con esto hacemos referencia directa a la presencia de la autora en cada una de las partes italianas descritas, tanto en el norte, Liguria, como en el sur de Italia donde esperó, al menos dos años, para poder estar presente en la cosecha de cidra.” La autora “lleva años siendo una aficionada a Italia, una amante de su gastronomía y tradiciones, pero, sobre todo, y es el objeto de estudio por el que destaca, es una amplia conocedora de sus jardines, de los destruidos, de los que todavía mantienen su personalidad, de los límites cambiantes que estos han tenido y, en especial, de los cultivos que allí se encontraban. (…) Helena está especializada en el estudio de los jardines italianos, tienen varias publicaciones sobre estos y ha sido, y continúa siendo, guía de jardines por todo el territorio italiano.”

Esta historia está escrita con una prosa tan tan entretenida, que seduce como si fuese una novela. Todo comenzó con los griegos y tuvo a los Médici como protagonistas del comercio de cítricos, para seguir por la mafia italiana, que luego se trasladó a Estados Unidos.

Es increíble como parte de la nobleza renacentista, tenía fascinación por coleccionar frutos raros, con formas insólitas y que terminaban en los llamados Gabinetes de curiosidades, una suerte de museo de horrores frutales. La ruta que recorre el libro, pasa por la gastronomía, la política, la historia, la arquitectura, el arte, el comercio, y hasta la vida privada, una suerte de Historia de la sensibilidad, el método Barrán, tan exitoso por estos lares. Todo tamizado a través de los cítricos, básicamente, naranjas, limones y cidra. ”Los cítricos y sus frutos han desempeñado un papel fundamental en la historia social y política de Italia y han aportado una extraordinaria riqueza a algunos de los lugares más pobres del país. “A diferencia de esos mimados específicamente de jardín, estos árboles crecen en descampados, y al igual que las naranjas conocidas en la antigua China como wu nu (esclavos de madera) han trabajando incansablemente para enriquecer y conservar la riqueza de las familias que los cultivan”, recrea la autora al comienzo de su trabajo.

El entusiasmo luego de la lectura, me provoca contar detalles, lo que no corresponde. Pero resulta revelador enterarnos que la industria cítrica italiana, fue una de las fuentes de financiamiento fundamentales para la mafia, en Italia, y con las exportaciones de naranjas y limones a Estados Unidos, para organizar las actividades criminales de bandas en Chicago, entre otras ciudades donde la mafia pisó fuerte.

Además, este libro, es un maravilloso libro de viajes. Se cuenta desde el encantamiento de la autora por Italia en su primer encuentro, hasta la presencia protagónica de ciudades fundamentales en el comercio y desarrollo de los cítricos, como Florencia, Siena, la Toscana, el Véneto, Calabria o Sicilia.

El país donde florece el limonero es un libro muy disfrutable y completo. Fue un increíble hallazgo que demuestra una vieja máxima del periodismo, que no hay temas ni buenos ni malos, ni genéricos y específicos, sino que el arte está en cómo se traten. Y Atlltee demuestra que se puede hacer un gran ensayo desde la erudición, pero con un lenguaje llano, atrapante, cargado de información y entretenido.

 

El país donde florece el limonero.
Helena Attlee.
Traducción María Belmonte
Editorial Acantilado. 320 págs.