Tango, la poesía de la nostalgia | Carolina Zamudio

Porque el tango es, principalmente, hoy, una danza. Y, quién puede dudarlo, la danza por antonomasia de la seducción: se trata de dos personas que bailan escuchando, las más de las veces, la queja de un varón abandonado que llora añoranza y, simultáneamente, luchan por lograr en el baile la fusión de los cuerpos, mediante solo la cual será posible que alcancen la comunión que requiere la más sobresaliente de las interpretaciones. Y así es, porque el baile, además, requiere de arte y supremacía. Es cosa seria. Es seducción y ritmo, en armonía.