Un oriental en el desierto (4) | Joaquín DHoldan

Un día, luego de una jornada de trabajo me fui a lavar las manos, miraba el bidón pensando como lo haría, hasta que vino mi amigo Tiba, levantó el bidón y mientras yo me lavaba me dijo “Aquí nos necesitamos para todo, ni lavarte solo es posible”. “No deberías fumar tanto”, le dije mientras se armaba un nuevo cigarro, “Los presos fuman”, me dijo. Y antes de que le preguntara algo más agregó “no ves los barrotes porque nuestra cárcel es de arena”.