Un oriental en el desierto (1) | Joaquín DHoldan

En “El evangelio según Jesucristo” Saramago lo describe a la perfección. El Mesías va por la orilla del mar, recoge una caracola, la pone en su oído y dice: “el desierto”. Es verdad. Ese susurro interminable. Ese silencio único. Esa sensación de soledad y desolación; al mismo tiempo esa atracción admirable, esa belleza indiscutible sin necesidad de nada.