El estaño con buena onda | José Arenas

La ciudad montevideana, en su atontamiento de paquidermo rijoso y cementado –robando algunas imágenes a Alfredo Mario Ferreiro- todavía ha dejado con cabeza algunos espacios libres de la palabra “progreso”. Con la posmodernidad chorreante a cuestas ha omitido la destrucción de algunos lugares que están llenos, llenísimos de encanto anti ciudad. Un milagro que se da gracias al descuido de la conocida piqueta.