Diario de viaje: crónica de un yorugua en Uzbekistán (I) | Alain Mizrahi

Aterrizamos en Tashkent a las 03:30 en un vuelo de Aeroflot que venía de París vía Moscú, y puedo decir que fue un aterrizaje tanto en sentido propio como en figurado: gran caos en la fila de la oficina de migraciones, bah, 47 filas para tres ventanillas y todo el mundo agolpado como si fueran a sacar entradas para un clásico. Una vez pasada la ventanilla de migraciones tenés que llenar un formulario escrito en alfabeto cirílico que podría haber sido en chino cantonés o mandarín y daba lo mismo.