El lienzo de Charles Darwin | Daniel Sueiras

Desde que tengo memoria, siempre me he sentido acechado por la sin duda poco original duda de quienes somos, adonde vamos y de dónde venimos. En la escuela aprendí que el mundo estaba compuesto por personas, animales y cosas y aquello me apaciguó por un tiempo. Al poco resultó insuficiente pues la obviedad de nuestra biología animal iba resultando incuestionable. Así que mis dudas empezaron a centrarse en qué era aquello que nos hacía personas y nos diferenciaba tanto de los animales, que incluso nos hacía mirarles como a seres ajenos y desdeñables con la aparente única misión de servirnos en muchos casos.