Saudades y nostalgias, fados y tangos | Alva Sueiras

“El fado, sin embargo, no es alegre ni triste. Es un episodio de intervalo. Lo formó el alma portuguesa cuando no existía y deseaba todo sin tener fuerza para desearlo.” Se dice que el fado, de “fatum” (destino), es la aceptación quieta del sino, ausente de lucha ante aquello que no podemos cambiar. El alma arrabalera hecha música en los ámbitos humildes de Lisboa. Un canto íntimo y melancólico que nace en la cicatriz.