Un grato descubrimiento literario | Jaime Clara

El gusto por la lectura es subjetivo. Cuántas veces no han recomendado un libro que no nos gustó o nos aburrió o no nos enganchó. La lectura es un acto individual y totalmente intransferible. Una vez, en una suerte de debate, que no fue tal, en Sábado Sarandí, sobre escritores que no nos gustan, Hugo Fontana, hablando de Kafka, no dijo que fuera un mal escritor, sino que sentía que no le escribía a él. Esa fue una definición que me gustó mucho y que desde aquel momento he utilizado para toda manifestación artística que no me llega por algún motivo. El artista, fuere cantante, poeta, escritor, pintor, cineasta, dramaturgo o lo que sea, y que siento que no sintonizamos, es porque creo que su propuesta no está pensada para mí, más allá de las cualidades artísticas que pueda exhibir.

Hace algunos días, el amigo Mario, uno de los responsable de ese paradisíaco lugar en Colonia, que es La casa de los limoneros, con un inusual entusiasmo me recomendó la novela Stoner, de un desconocido John Edward Williams. Como estoy convencido que a través de la biblioteca de las personas, se las conoce, no dudé inmediatamente en buscarla en Amazon que, según Mario, estaba a la altura de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Allí estaba, por menos de cinco dólares, así que la bajé y en el mejor de los mundos posibles, me dispuse a leer esa novela que fue publicada, exactamente, el mismo año en el que nací.

Me tiré sin red, sin información previa, a su lectura, solo con la recomendación del amigo. De pronto, como quien no quiere la cosa, me encontré metido en una historia relatada con una sencillez propia de la literatura norteamericana. Sin adjetivos, sin grandes reflexiones, simplemente contando la vida de un joven- William Stoner- hijo de granjeros, cuyo futuro estaba predestinado a no traspasar los límites de la portera de la granja. Sin embargo, con esfuerzo, al abrirse una facultad para estudiar agronomía, sus padres le propusieron al muchacho, asistir a los cursos. No muy convencido, viajó a la ciudad, con las dificultades de vivir de prestado en casa de familiares. Una vez que ingresó a la universidad, descubrió el mundo de los libros y las letras. Al poco tiempo, su destino por el campo se sustituyó por una pasión inusitada por la literatura clásica. A partir de allí, el autor, cuenta lo que fue de aquel joven del medio rural, que se transformó en docente y construyó una vida citadina y universitaria, describe magistralmente los vínculos con amigos, familia, alumnos y autoridades académicas, entre otros. Un relato, aparentemente simple, que esconde, con absoluta contundencia narrativa, una trama que atrapa al lector a medida que avanza la historia. El escritor argentino, Rodrigo Fresán, dijo que “Stoner es una obra maestra. Y punto” y para el británico Nick Hornby la novela se trata de “una gema injustamente olvidada”.

El español Enrique Vila-Matas se preguntó en El País de Madrid (*) «¿Cómo olvidar cuando el discreto profesor, consciente de haber perdido el tiempo en su obstinado trabajo sin luces, se refugia al final en la imperturbabilidad que heredó de sus padres rurales, impasibles trabajadores de la tierra, constantes dibujantes de «surcos como oraciones en el papel»? Impresiona el modo de contar de John Williams, su fuerza inusitada para los dramas minúsculos y para el recuento cotidiano de nuestras resignaciones y decepciones, y sorprende que Stoner, siendo la obra maestra que es, haya podido ser ignorada durante tanto tiempo. Quizás despistó a más de uno por su aparente sencillez. Y es que, como dijera el actor Tom Hanks: «Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado».

Creo que es fascinante también que sea en el fondo un elogio tanto de la rectitud moral como de la cultura del esfuerzo y del amor por la vieja literatura, con el patetismo que encierra todo eso. Y porque, a fin de cuentas, en plena crisis mundial, sorprende leer una oda tan intensa a los viejos valores morales heredados de una infancia hundida en las raíces agrícolas del Missuri más profundo y miserable, el más conmovedor también, porque es el que dice mejor la verdad sobre la vida.»

El autor, John E. Williams (1922-1994) transmitió en Stoner algunos aspectos de su vida personal y académica. Si bien ganó algunos premios, su nombre no figura entre los grandes de la literatura norteamericana. Sin embargo, cantidad no es calidad. Williams, como tantos otros, demuestra que con la contundencia literaria de una obra o dos tan solo, merece estar en la consideración de los lectores.

Así que a través de esta columna, le agradezco a Mario la recomendación y que permitiera conocer un autor y una novela que da cátedra.

 

(*) http://elpais.com/diario/2011/10/18/cultura/1318888806_850215.html

Foto de Williams: www.fundacionlafuente.cl