A la mesa con Neruda | Sylvana Cabrera – Sin Pretensiones

El reconocido poeta chileno Pablo Neruda (cuyo real nombre era nada más ni nada menos que Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto), nació el 12 de julio de 1904 y falleció el 23 de setiembre de 1973. Premio Nobel de Literatura en 1971 y doctorado honoris causa por la Universidad de Oxford, Neruda es considerado uno de los más destacados e influyentes artistas de su siglo.

Pero como nuestra pasión por la cocina nos lleva siempre a husmear en la historia de los productos y de los hábitos alimenticios de los ilustres y anónimos, es que dedicamos esta reseña de hoy a Neruda que nos alimenta a través de su obra literaria. Lo cierto es que el poeta trotamundos no era un émulo de Pantagruel, sino por el contrario, un amante seducido por la buena mesa.

 Poesía y comida… binomio perfecto

A través de Neruda la poesía y la comida se convirtieron en un binomio perfecto, dedicando papel y tinta a obras que reflejaban una visible pasión. El Gran Mantel, Atención al Mercado, y las apetitosas e inolvidables Odas Elementales publicadas en la década de los 50 dedicadas al pan, a la sal, al maíz, la cebolla, el caldillo de congrio, el aceite, el tomate, el limón, el vino, la cuchara y hasta a las sabrosas papas fritas, son una verdadera golosina literaria.

Neruda no vivía para comer, más bien vivía para escribir, pero era un eufórico entusiasta de la cocina y los vinos; todo un sibarita dispuesto a disfrutar de la gastronomía de diferentes culturas. Neruda conoció el hambre en su juventud, y tal vez por esto festejaba la mesa, el buen comer y la abundancia. Pero no solo sentía pasión por saciarse de ricas viandas, sino que además la expresaba en su poesía.

Atlántida, refugio de Neruda

Luego de 3 años de exilio en agosto de 1952 y durante varios días luego de partir del puerto de Cannes (Francia) rumbo a Buenos Aires, Neruda estuvo supuestamente desaparecido. Mientras lo buscaban familiares y amigos, el había encontrado refugio en un lugar misterioso que no figuraba en ningún mapa… Datitla. Datitla no es ni más ni menos que nuestra conocida Atlántida, a quien Neruda rebautizó con el único fin de mantener el anonimato con un anagrama. En aquel entonces el tranquilo balneario uruguayo sirvió de refugio del poeta alojándose en la casa del arquitecto y cineasta Alberto Mántaras y su esposa Olga. Tuve la suerte de conocer hace algunos años a una mujer fantástica como lo es Ana María Mántaras (hija del mencionado matrimonio), quien me contaba con nostalgia a pesar de su corta edad en esa época, los días vividos junto a Neruda y su amante – compañera de los últimos años Matilde Urrutia. Matilde a quien le había dedicado Neruda de manera clandestina su gran libro “Los versos del capitán”.

Poema dedicado a Datlitla

«Y cuando
de regreso
brilló tu boca bajo los pinares
de Datitla y arriba
silbaron, crepitaron
y cantaron
extravagantes
pájaros
bajo la luna de Montevideo, entonces
a tu amor he regresado
a la alegría de tus anchos ojos;
bajé, toqué la tierra
amándote y amando
mi viaje venturoso».

La oda al limón de Pablo Neruda

De aquellos azahares
desatados
por la luz de la luna,
de aquel
olor de amor
exasperado,
hundido en la fragancia,
salió
del limonero el amarillo,
desde su planetario
bajaron a la tierra los limones.

Tierna mercadería!
Se llenaron las costas,
los mercados,
de luz, de oro
silvestre,
y abrimos
dos mitades
de milagro,
ácido congelado
que corría
desde los hemisferios
de una estrella,
y el licor más profundo
de la naturaleza,
intransferible, vivo,
irreductible,
nació de la frescura
del limón,
de su casa fragante,
de su ácida, secreta simetría.

En el limón cortaron
los cuchillos
una pequeña
catedral,
el ábside escondido
abrió a la luz los ácidos vitrales
y en gotas
resbalaron los topacios,
los altares,
la fresca arquitectura.

Así, cuando tu mano
empuña el hemisferio
del cortado
limón sobre tu plato,
un universo de oro
derramaste,
una
copa amarilla
con milagros,
uno de los pezones olorosos
del pecho de la tierra,
el rayo de la luz que se hizo fruta,
el fuego diminuto de un planeta.

Va nuestra receta, hoy como homenaje a esta historia

Pollo a la manteca de limón

Ingredientes:
1 pollo grande
200 g de manteca
1 cda de cáscara de limón rallada
1 cda sopera de tomillo fresco picado
jugo de 4 limones

Preparación:
En una asadera colocar el pollo. En un bowl, mezclar la manteca a temperatura ambiente con el jugo de 2 limones y la ralladura de cáscara de limón. Añadir el tomillo, la sal y la pimienta y mezclar hasta formar una pasta. Cubrir el pollo con esta mezcla, por fuera y por dentro. Llevar a horno caliente por unos 45 minutos. Rociar cada tanto con el jugo de limón. Cocinar hasta que quede pronto en el interior y bien dorado en la superficie.

 

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