Algo más que queso y dulce | Jaime Clara

En el final de la deliciosa película Ratatouille, la forma en que se logra conmover al severo e implacable crítico gastronómico, fue darle un plato muy simple, sencillísimo, que lo remitió sin solución de continuidad a los sabores y gustos de su infancia. Es lo que los técnicos llaman la memoria gastronómica, que no es ni más ni menos que encontrarnos con lo que comíamos cuando niños, la comida casera, nuestras señas de identidad gastronómica, en definitiva, encontrarnos con nosotros mismos.